Sofía. Aventura a cuatro bandas. (I)

Dos parejas se reúnen y juegan juntos y revueltos.

Mi marido siempre ha estado insistiendo en que me dejase penetrar por detrás y a mí nunca me ha gustado la idea, le decía que un culo lo tiene tanto el hombre como la mujer y que meterla por el ano era igual que meterla a un hombre. Con esa excusa siempre le he dado largas.

 

Una noche quedamos a cenar con Aída y Ricardo que habían tenido un hijo hace unos meses.   Después de cenar nos sentamos a charlar de cómo había sido el embarazo y parto, y demás historias. Se despertó el niño y Ricardo fue a por él. Mientras venía Aída se desabrochó la blusa y se quitó el sujetador, dejando su enorme pecho blanco al aire. Le miré a Fidel, mi marido y tenía los ojos abiertos como platos y la boca entre abierta. Me puse un poco celosa ya que mis pechos son pequeños y le di un disimulado golpe con el pie.

Aída empezó a contarnos lo duros que tenía los pechos ya que el niño no tomaba mucho, y le hacían bolos de leche que tenía que deshacérselos para facilitarle la toma al crío.

Cuando llegó Ricardo se enfadó porque tenía la teta al aire, diciéndole que podía haber ido ella a la habitación. Ella contestó que éramos de confianza y que cómo se ponía así por una teta ya que siempre él estaba pensando en más.

 

Cuando acabo el crió de mamar provocó a su marido Ricardo, dejándose el pecho al aire mientras lo acostaba. Una mesa dejaba el paso un poco estrecho, por lo que Aída, en vez de girarse hacia su marido, lo hizo hacia el mío (Fidel), inclinándose un poco para enseñarle los pechos aún más. Parecía que quería poner calientes a los dos.

La acompañé y me quedé mirando su erizado pezón. Ella comentó que le dolían mucho las tetas y me indicó para que se las tocase; en verdad estaban duras.

Con el roce de mis dedos empezó a supurar algo de leche. Le comenté que goteaba, y ella cogió la gota con un dedo y se la llevó a la boca. Me preguntó si había probado alguna vez la leche de mujer. Le dije que no y me ofreció su pecho para que yo lo probase.

Me acerque y empecé a lamérselo, la leche tenía algo de dulzor. Mientras yo le estaba mamando, ella aprovechó para tocarme el pecho con una mano y con la otra me levantó la falda y me metió la mano debajo de la braga acariciándome. Me sentí un poco extraña así que me retiré acalorada.

Aída me tranquilizó, diciéndome que no había pasado nada, pero que si quería podíamos proponerles un juego a nuestros maridos. Le pregunté en qué estaba pensando y ella me dijo que podíamos hacer intercambio de parejas. A mí me daba vergüenza, pero ella me dijo que podíamos hacerlo con la luz apagada y a tientas ir tocándonos. Por fin me convenció y fuimos a contárselo a nuestros maridos. A ellos no les tuvimos que insistir mucho.

 

Empezó el juego. Apagamos todas las luces. Yo me puse de pie y empecé a quitarme la ropa. Mi marido se giró y me dio un beso. Antes de terminar note unas manos que se apoyaban justo en mi pecho y seguido una boca que empezaban a chuparlos. Las manos enseguida bajaron para quitarme las bragas mientras me seguía chupando las tetas. Me hizo sentarme en el sofá y las manos pasaron a mis tetas y la boca a mi coño.

No puedo calcular el tiempo que estuvimos así;  yo estaba de maravilla. Sabía que tenía a Ricardo entre mis piernas. Al principio iba acariciando con delicadeza mis muslos con su lengua, introduciéndola en mi vagina, jugando con mi clítoris. Hasta que se centró en él. Yo le tenía cada vez más sujeto con mis piernas y cuando más estaña gozando él  se quedó quieto e intentó levantar la cabeza.

“Ahora no” pensé yo, “ahora no me dejes a punto de acabar” y cerré las piernas frotándome contra su cara. Buscaba con su nariz mi clítoris ya que había cerrado la boca.

Por un momento pensé que lo había ahogado, ya que dejó de hacer resistencia y sus manos ya no presionaban mi pecho; aun así yo seguí, me faltaba un suspiro para llegar al orgasmo. Cuando llegué solté toda mi energía abrazándole fuertemente con mis pies, y me relajé para dejarle marchar. Pero cuál fue mi sorpresa al ver que él seguía embistiéndome con la cabeza como si se dejase llevar. Me escurrí por el sofá y al ir a buscarle su pene me tropecé con las manos de Aída. Se lo quité de las manos; era largo y delgado, comencé a chupárselo. Él no paraba de moverse. Yo le empecé a mordisquear el pene, cada vez con más fuerza, incluso en el glande. Parecía que le gustaba porque se le puso muy duro y sin avisarme me lo eyaculó en la boca. Eso me da mucho asco.

Al final había probado la leche de los dos, prefiero la de los pechos de Aída,  aunque chupar el pene de Ricardo me gustara más.

2 comentarios el “Sofía. Aventura a cuatro bandas. (I)

  1. Pingback: Despedida de soltera (parte 3) | Fantasías en pareja

  2. Pingback: Ricardo. Aventura a cuatro bandas. (IV) | Fantasías en pareja

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s