Fidel. Aventura a 4 bandas (II)

Seguimos con la misma aventura de intercambio de parejas, pero desde el punto de vista de Fidel. Su sueño hecho realidad, o no….

Hace un mes hice realidad un sueño que llevaba deseando hace mucho tiempo, bueno varios sueños a la vez. Os cuento:

Mi mujer y yo nos llevamos muy bien en todos los sentidos. Físicamente, mi mujer es atractiva, delgada, aunque para mi gusto tiene las tetas un poco pequeñas. Lo bueno de eso es que las tiene tan tiesas como una de 15 años. Respecto al sexo nos lo pasamos muy bien en la cama eso si los dos solos, nunca hemos ni siquiera bromeado con hacerlo con alguien más. Lo único que siempre he querido y ella nunca me lo ha dado, es podérsela meter por detrás.

Hace un mes fuimos a cenar a casa de unos amigos. Cuando estábamos en la tertulia deseando irme para casa, se despertó el hijo y nuestra amiga Aída, ni corta ni perezosa se saco la teta para darle pecho. Tenía un pecho grande, blanco con una aureola también grande y marrón. Con su mano se lo masajeaba suavemente mientras venía su marido Ricardo con el niño.

Mi mujer me pegó una patada en la espinilla y me bajó del limbo en el que estaba envuelto antes de que viniese Ricardo enfadado por ver que su mujer, sin ningún pudor, nos enseñaba las tetas. Cuando acabó de dar el pecho no me atreví a mirarla, pero no me quedó más remedio porque se levantó y pasó por enfrente mía con las tetas al aire. Estaba totalmente empitonada con los pezones de 2 cm. por lo menos. Mientras se fueron a acostar al crío, Ricardo y yo seguimos hablando, pero el único pensamiento que yo tenía era los pezones de Aída

Al cabo de un rato vinieron las dos muy contentas a hacernos carantoñas. Nosotros como dos pardillos nos dejamos llevar. Aída se levantó y nos dijo que si queríamos seguir teníamos que apagar la luz, y que una vez con la luz apagada podíamos hacer lo que quisiéramos con quien quisiéramos. Le miré a Ricardo y tenía cara de ansioso mirando a Sofía, mi mujer me miró y me preguntó si me apetecía, yo le asentí.

 

Estábamos las dos parejas una enfrente de la otra cuando apagaron las luces. Me giré y le di un beso paternal a mi mujer y comencé a desnudarme. Cuando estaba quitándome la camiseta y tenía las manos altas, noté una manos que me tocaban y luego me apretaban el pecho, pero que rápidamente se apartaban. Era Ricardo y vi lo rápido que iba buscando a mi mujer. Me apresuré a quitarme los pantalones y calzoncillos, y cuando me disponía a ir en busca de Aída, ella ya me había encontrado, o más bien a mi poya, porque fue lo primero que me cogió y me empezó a comer. Estaba en la gloria, notaba el calor de su aliento en la punta de mi pene. Recorría su lengua por todo mi glande, sin prisas, lentamente, se la metía en la boca rozándola con los labios y los dientes y la volvía a sacar despacio con la boca más cerrada todavía. Cada vez que hacía esos movimientos yo me quedaba en una nube.

 

Al rato me agarró del pene y tiró de mí para que le siguiera. Tocó con la punta un trozo de carne y yo acerqué las manos para ver que era. Sentí un culo pequeño como el de mi mujer. Era lo que yo siempre había querido, probar a metérsela por el culo, y ahí estaba Aída guiándome la poya hacia el culo de mi mujer. Esta movía el culo para impedirlo pero yo lo sujeté firmemente e introduje mi pene en él. Notaba bastante más presión que cuando se la meto por delante. Una vez que la tenía dentro, empecé a empujar con fuerza. Notaba el culo tenso y duro. Mientras yo le estaba haciendo el agujero más grande a mi mujer, Aída  me estaba comiendo los huevos y el culo a mí. La muy cabrona dejaba el dedo justo detrás de mi ano y cuando yo volvía me introducía un poco de su dedo. Al principio cuando lo notaba  regresaba rápidamente y con más fuerzas al culo de Sofía.

Me fue gustando la situación  y cada vez regresaba más atrás en busca de que el dedo de Aída se introdujese más. Allí me encontraba yo dando por culo y a la vez dándome. A Sofía, mi mujer, la encontraba ya más relajada poniendo menos resistencia. O había desistido de sus intentos de separarse o le había empezado a gustar igual que a mi.

Aída me metió el dedo más y empezó a jugar dentro de mi ano. Se notaba que lo había hecho más veces porque enseguida localizó un punto donde me hacía muchas cosquillas y que a la vez me daban ganas de mear.

Me quedé ahí moviéndome lentamente. Aída dándome mordisquitos en los testículos y jugando dentro de mi ano. Sofía ya no ofrecía resistencia, al revés empinaba el culo para facilitarme que se la introdujese más. Cuando pude entrar más adentro me corrí y me quedé un rato echándole semen en el culo.

Mientras yo eyaculaba Aída aprovechó para ir a dar las luces.

Lo que vi en ese momento, puede que  algún día tenga valor para contarlo.

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