Aída. Aventura a 4 bandas (III)

Sorprendente la experiencia de Aída en la aventura a 4 bandas vivida con su marido y una pareja de amigos. Aconsejamos leer por orden los relatos anteriores.

He tenido un bebe hace poco y desde que supe que estaba embarazada hasta ahora, mi marido ha tenido miedo de penetrarme por la vagina, y me ha estado penetrando por el culo. Me ha abierto el agujero tanto, que cuando necesito ir al baño, tengo que correr para no hacérmelo encima.

Este verano en las piscinas, me fijé en el cuerpo delgado que tenía mi amiga Sofía. No tiene muchas caderas y por eso, cuando vi por detrás a mi marido y a ella pensé que era la que mejor podría encajar en mi plan. Además su marido no estaba mal  y se le notaba un buen paquete.

 

Una noche les invitamos a cenar y después de cenar empecé a calentarles un poco a todos para ver sus reacciones. Fidel, su marido, se quedó embobado viendo como me masajeaba las tetas para quitarme los bolos de leche, ya que me puse a dar pecho delante de ellos.

Cuando me fui de la habitación me incliné y así le enseñé a mi marido el culo que tanto quería y a Fidel las tetas que al principio no quería mirar.

Sofía vino conmigo y aproveché para que me tocase las tetas. Me dejó sorprendida ya que hasta me las chupó con la excusa de probar la leche. Yo también aproveché para tocárselas y comprobar si tenía el coño depilado como le gusta a mi marido.

Tenía los labios vaginales pequeños y el pubis totalmente depilado; pensé que era perfecta, ya que mi marido no se iba a entretener con las tetas y le chiflan los coños sin pelos, pues cuando yo me lo he depilado, se pasa horas jugando con su boca en él.

Ahora venía lo más difícil: cómo convencerles a todos. A Sofía me costó bastante convencerla, hasta que hablé de lo bien que lo hace Ricardo en la cama, que la tenía larga y delgada y que hacía una mamadas alucinantes; el único pero es que tiene la manía que cuando te nota que vas a llegar se para  y así te hace la puñeta para volver más tarde. Yo algunas veces le sujeto con fuerza y me froto para así llegar. Cuando le contaba esto sus ojos empezaban a brillar y ya asintió.

Fuimos a convencerles a ellos. Para ello empezamos a acariciarles y besarles. A mi marido le note empalmado y que no les quitaba ojo a la otra pareja, así que decidí proponérselo. Los dos dijeron que si, siempre y cuando nosotras estuviésemos de acuerdo en todo. Les dijimos que sí, que lo único que íbamos a hacer era apagar las luces para hacerlo a oscuras.

Apagamos las luces y empezamos; yo me desnude rápida y fui a buscar la entrepierna de Fidel. Era perfecto, no se había movido del sitio y notaba que mi marido estaba también al lado de Sofía.

Empecé a acariciarle el pene, lo tenía muy gordo y pequeño. Pensé que sería difícil de meter por un agujero que no solo estaba acostumbrado a meter un par de dedos.

Le hice un trabajo lento y suave para evitar que se corriese pronto. Jugaba con su glande, le metía la lengua alrededor de él con el pellejo bajado. Me metía sus testículos uno a uno en mi boca y se los absorbía dándoles un beso profundo. Así hasta que note que mi marido estaba a cuatro patas chupándole el coño a Sofía. Le agarré el pene a mi marido y empecé a masturbarle con una mano, mientras que seguí masturbando a Fidel con la boca y la otra mano. Poco a poco fui acercando a Fidel hasta el lado de Ricardo. De vez en cuando soltaba a Fidel, y sin dejarle de chupar, utilizaba la otra mano para meterle un dedo por el culo a Ricardo, que sabía que le gustaba.

Cuando noté que tenía el ano ya algo abierto y que estaba predispuesto, cogí el pene de Fidel y lo acerqué al agujero del culo, metiéndole la puntita. Fidel sintió el agujero, agarró con fuerza y lo metió. Ricardo, cuando notó que no eran mis dedos sino el pene de su amigo intentó apartarse, pero ya era tarde, Fidel lo tenía sujeto por las caderas.

Sofía al notar que mi marido Ricardo se alejaba, lo sujeto bien entre sus piernas, y yo me metí debajo para evitar que reculase y, mordiéndole el pene y amarrándole fuerte de los huevos, conseguía que incluso empinase el culo. Con la otra mano aproveché para tocarle el culo a Fidel y poco a poco meterle un dedo en el ano.

Poco a poco Ricardo fue domándose y aunque al principio daba continuos movimientos para soltarse,  después se fue parando y relajando. Desconozco  si esa relajación era por el cansancio o porque le empezaba a gustar;  yo por si acaso no solté su pene hasta que la mano de Sofía me lo quitó de las manos y entonces disfruté un poco con los 4 huevos que tenía en menos de un palmo, chupándolos y metiendo mi cabeza entre ellos.

Esto duró poco porque cuando note que Fidel se corría, me levante rápidamente y encendí la luz, viendo mi venganza consumada.

Fidel se vistió enseguida todo avergonzado, Ricardo se quedo tumbado boca abajo agotado, y Sofía me miró sonriente con cara de satisfacción.

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