Diana. Madre de alquiler

Diana y Sebas quieren ser padres y piden ayuda a Melisa. Esto hará descubrir a Diana pasiones ocultas.

 

 

Mi marido y yo llevábamos bastante tiempo intentando tener un hijo, pero no conseguíamos que me quedase embarazada.

Al principio no estábamos obsesionados, pero llevábamos ya tres meses haciendo el amor prácticamente a diario. El hacer el amor es un sacrificio para mí,  incluso me quitaba la idea de tener un hijo. Se que mi marido ha tenido alguna aventura pero se lo justifico por mi poco apetito al sexo.

Una noche vino a cenar mi mejor amiga, Melisa. Se acababa de separar y estaba muy deprimida. Nosotros  le comentamos como estábamos y que andábamos buscando un hijo. Ella se ilusionó mucho y nos dijo que a ella le gustaría ser madre, aunque tal como estaban las cosas,  prefería ser madre soltera,

Con la tontería la noche fue pasando y, las bromas con que si yo no valía me sustituyera ella, fueron aumentando y poniéndose cada vez más en serio. Esa noche lo dejamos solo en una broma, pero a mi marido parecía que le había gustado la idea y empezó a machacarme con ese intercambio. Eso me ponía todavía más estresada y, lógicamente, no me quedaba embarazada.

Por fin mi marido me convenció para que probásemos. Llamé a mi amiga, pero casi se le había olvidado tal proposición. Nos dijo que no se había planteado ser madre todavía, tenía que plantearse su futuro. No se negó, solo expresó un “me lo tengo que pensar bien”.

Se lo pensó y al cabo de un mes, nos dijo que de acuerdo.

Quedamos en casa a cenar el día que ella estuviera ovulando, para que fuese más fácil quedarse embarazada. Cuando cenamos les dije que me ponía mala de pensar lo que estábamos haciendo, y ellos intentaron tranquilizarme.

Al fin me decidí, pero les dije que ellos no se tenían que ver, que les taparía los ojos y yo les dirigiría. A mi marido no le gustó mucho, pero o lo hacía así o se quedaba sin hacerlo, así que accedió.

Fuimos a la habitación y les tapé los ojos. Se fueron desnudando.

El cuerpo de mi amiga se quedó al descubierto. Era una preciosidad, pelirroja, con el pelo ondulado, cara redonda y bonita, unos pechos sonrosados que parecían dos gotas de agua que resbalaban por su cuerpo, una autentica diva bajada del cielo.

Yo, aun siendo mujer, me quedé embobada observándola. Alguna vez habíamos hablado acerca del depilado del pubis, por lo que sabía que se lo depilaba. Tenía poco pelo rojo bien recortado en el pubis y unos labios sonrosados.

Mi marido estaba incómodo sin ver nada, no conseguía que se le levantase, así que empecé a movérsela un poco, pero no se ponía dura.

Le llevé sus manos hacia los pechos de mi amiga. Al principio los tocaba como si fuesen dos bocinas, hasta que se centró y empezó a acariciarlos, agachó su cabeza para besarlos. Empezó entonces a endurecerse su pene.

A Melisa la coloqué tumbada, encogiendo sus piernas sobre el estomago, su vagina estaba abierta esperando el pene de mi marido. Lleve el pene de mi marido hacia la entrada y él hizo el resto.

Empezó a moverse encima de ella. Mi marido tiene bastante control sobre su eyaculación, por lo que le dije que esperase a llegar  cuando ella tuviera el orgasmo.

Ella me pidió alguna caricia más. Para mí no era la primera vez, así que acerqué mi mano a su clítoris y empecé a masturbarla mientras mi marido seguía moviéndose encima suyo.

Con la otra mano acariciaba esos pechos tan bonitos, y no pude más que acercar mis labios a los suyos para besarlos. Entonces noté unos movimientos, al tiempo que susurró un “ahora”. Mi marido soltó todo su semen dentro de ella, mientras llegaba a un orgasmo largo.

Me había quedado con las ganas de morderle los pezones, por lo que continué a lo mío. Ellos se quitaron las vendas de los ojos y empezaron a desnudarme acariciándome por todo el cuerpo.

Poco a poco me tumbaron, y fue ella la que me comenzó a comer el coño. A mi no me gusta eso, pero no se por qué no me importaba que ella me lo hiciera.

Mi marido, que ya se había recuperado, la empezó a cubrir de nuevo. Esta vez aprovechó que estaba en una buena posición y se la metió por detrás. Le debió excitar mucho ya que llegó rápidamente. A mi me costó un poco más, pero al final llegué.

Esa vez no hubo suerte y no se quedo embarazada, pero ahora Melisa nos hace  visitas más a menudo,  intentamos tener más encuentros íntimos entre nosotras sin que mi marido lo sepa, y cuando no conseguimos poner ninguna excusa, lo dejamos de lado, sin espacio para él.

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3 comentarios el “Diana. Madre de alquiler

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