Despedida de soltera (parte 6ª)

En esta ocasión nuestra amiga Bea descubre sus puntos más íntimos con Boris e Isma.

 

Por la mañana comencé con Marcos y el 4 de copas. Estaba yo de pie y él venía por detrás y me la metía.

Sus comienzos fueron fuertes, moviéndose con ganas, besándome en el cuello y aplastándome las tetas, de nuevo, como si intentase demostrar algo, pero enseguida vinieron mis compañeros nocturnos y Hugo comenzó a besarme las tetas e Isma a comerme el coño y si se escapaba alguna vez, también el pene de Marcos.

Por ello Marcos iba más despacio, buscando el contacto físico con sus compañeros, hasta que ya no aguanto más y eyaculó, doblándose las piernas de debilidad.

Tras un pequeño descanso se acercó Yago con el as de copas. Lo teníamos que hacer los dos de pie, uno enfrente del otro.

Me abrazó y comenzó a frotar su pene contra mi vulva. Como no se había terminado de cerrar la vagina, enseguida encontró su camino. Note como unas manos por detrás se metían entre mi pecho y el suyo, amarrándome las tetas. No me sorprendió que fuera Jaime, que buscaba la penetración por detrás. Ahí estaba yo, en medio de los dos, casi en el aire, impulsada por las dos pelvis.

Fue tanta mi excitación que acabé toda sudada. Me estaba acostumbrando a las dobles penetraciones, y eso me gustaba, ¡lo que no sabía era como lo iba a hacer cuando estuviera a solas con Gus!

 

Estaba cansada y la postura que me tocaba hacer con Néstor no me invitaba al descanso. Era el 6 de copas, él permanecía a cuatro patas en el suelo, mientas yo me metía por debajo, enganchándome con mis manos a su cuello y con mis pies a su cintura, quedándome colgada de él mientras lo hacíamos.  Así lo intente, y estuve un rato moviéndome, incluso él se dejó de apoyar con una mano para sujetar mi espalda, pero fue inútil, ya que terminé por desplomarme.

Adolfo vio la oportunidad de intervenir y pidió un hueco detrás de mí, eso me sorprendió, por lo que accedí a que se pusiera debajo. Con la ayuda de sus manos en mis glúteos, podía subir y bajar más descansada. Cuando descansaba algún rato me encontraba su pene esperándome en el suelo.

 

Antes  me hubiera asustado el pensar en meter ese pene tan grueso por mi ano, pero ahora entraba su punta con gran facilidad. No era el mismo placer que cuando lo hacía con los gemelos, ni cuando me lo metió Boris, pero esta vez, se mezclaba el placer con las ganas de hacer cacas. Parecía que estaba estreñida, y que tenía una bola que no podía salir. Al final consiguió llegar Néstor y pude ir a darme un baño

 

Cuando vi la postura que tenía que hacer, y con quién, pensé que no sería capaz de mantener su pequeño y grueso pene dentro de mi mientras él giraba y cambiaba de posición encima de mí.

Era Fidel y la carta el 12 de copas. Fidel se tenía que subir encima de mí y unas veces tener su cabeza en mi cabeza, y otras tener sus pies en mi cabeza. Con tranquilidad se iba girando, aprovechando cada ángulo para acariciar mi cuerpo con sus manos.

No notaba su pene muy adentro, pero sin embargo, sus movimiento hacían que el placer se centrase en mi vejiga, teniendo el mismo cosquilleo que se siente cuando una quiere mear. El placer fue inmenso, sin llegar al orgasmo, pensando en cada momento que me mearia encima.

Aunque lo estaba pasando muy bien, agradecí que parase esos cosquilleos cuando él llegó.

 

Esta vez repetí con Donato con la carta del 11 de espadas. Temía que me volviera a perforar con su tremendo aparato. Esta vez los dos estábamos tumbados sobre nuestro costado, él de espaldas a mi buscaba la penetración entre mis piernas. Yo levantaba una pierna sobre él, dejando más abierta mi vagina.

En esta postura  él no podía meter todo su pene dentro de mí, pero aun así me encontraba plenamente llena. Al tener mi clítoris expuesto al aire y sabiendo que Boris  soñaba con tener un pene tan grande entre sus labios, le busqué con la mirada, pero  ya se estaba acercando al manjar que quería probar.

Se puso en una posición parecida al 69, teniendo yo sus partes a la altura de mi boca para poder masturbarle. Él comenzó a hacer su trabajo, pero poco le duró, ya que noté la mano de Donato que se ponía entremedio, haciendo entender que eso no le gustaba.

Se tuvo que separar y centrarse en mis pechos, con lo que yo me quede sin nada en la boca. Parece que se dio cuenta Adolfo y me acercó su pene a la boca. Para ello tuvo que acercar su cuerpo al de Boris, lo que aprovechó éste para acercarse cada vez más a mi boca y su pene. Adolfo sí que nos dejó compartir su pene entre la boca de Boris y la mía. Por fin tenía Boris la boca llena y con la habilidad que tiene en la lengua, no le costó mucho que llegase.

Se echaron todos a reír por la rapidez con la que había llegado Adolfo. Boris se quedó de rodillas preguntando si quería alguno más probar tan exitoso paladar. Tenía a Boris delante de mi comiéndose todas las poyas que se le acercaban. Me quedé extrañada de lo desinhibidos que estaban, ya que vi a bastantes acercarse a probar. 

Donato mientras tanto seguía por detrás, metiéndome una poya que hacía que se me saliesen los ojos de las órbitas. No sé si por el tamaño del pene que tenia dentro, que influía en que las glándulas sudoríferas de todo mi cuerpo comenzasen a evacuar, pero cada vez que estaba con Donato notaba que me quitaba 2 kilos de encima  a base de agua.

 

No se tuvo que ir muy lejos Boris  ya que era el siguiente. La carta era el 12 de espadas, y la postura era similar a la anterior, pero esta vez yo permanecía con las piernas cerradas. Él comenzó a introducirme su pene por la vagina, pero pronto cambió de orificio y fue al que más a mano tenía.

De las pocas veces que estaba sintiendo mucho placer al darme por el culo. Yo creo que hubiera llegado al orgasmo solo con sus movimientos. Pero no iba a ser así, ya que mi amigo Isma se acercó para acoplarse a mi cuerpo. Metió su cabeza entre mis piernas y puso su pene a la altura de mi cabeza. Al tener libre la vagina, notaba como introducía sus dedos dentro de ella, buscando el pellizco entre el clítoris y la vagina, eso hizo que terminase por llegar, dejándoles con las ganas de acabar.

 

Nos fuimos a la habitación para continuar nuestra fiesta a solas,  ya que entre ellos ya se iban descargando. Cuando me sentía con fuerzas intervenía dando alguna caricia, pero principalmente estuve de mera espectadora, viendo como los dos  (Boris e Isma) se unían de forma maravillosa y amiga.

Le comenté a Isma lo mucho que me había gustado sus dedos en mi interior, y comenzó a hablar de los distintos puntos que tiene la mujer. Yo le comenté que eso me parecían tonterías, y él me dijo que antes no me había parecido una tontería, a lo que contesté que era solo coincidencia.

Estaba sentada en la cama cuando se acercó a mí y bajó su mano hacia mi coño. Volvió a meterme el dedo índice buscando nuevamente ese punto, y con el gordo comenzó a frotar mi clítoris. Volví a sentir escalofríos de placer. Me dijo Isma que lo que frotaba con el dedo pulgar era el punto C de clítoris y el que estaba frotando con el índice el era el punto G.

Sacó la mano Isma y la metió Boris. Enseguida localizó los dos puntos mientras yo tenía  pequeños espasmos que me hacían recular. Luego volvió a meter la mano Isma, introduciendo aun más el dedo índice, y bajando un poco el pulgar. Le dijo a Boris que su dedo índice estaba en el punto U encima de la Uretra, y que su dedo anular lo había metido hasta el fondo, y así llegar al punto de éxtasis de la mujer, el punto A.

Yo ya estaba loca de placer con tanto punto, sin poder contener mis chillos. Le volvió a dejar a Boris que buscase los puntos. Yo sentía que me moría, que no iba a aguantar un estallido de placer, por eso intentaba reprimirme.

Le dijo a Boris que si antes de llegar al orgasmo la mujer le cortas un poco la respiración, entonces llegará al climax del orgasmo, al cúmulo de todos los orgasmos. Así que Boris puso su boca en la mía, amarrándome con una mano de la nuca, y con la otra la nariz para que no respirase. Me caí hacia atrás mientras me retemblada entera. Una de mis manos intentaba separar a Isma, que continuaba con sus caricias internas, y la otra separar a Boris de mi boca, para así poder respirar.

Fue inútil, sentía que mi cuerpo se desvanecía de placer, mis gritos los tapaba Boris con su boca, y por fin mis torturadores descansaron. Me había meado de placer, estaba tumbada en la cama sin poder moverme, mientras Isma se reía preguntándome que opinaba de los dichosos puntos ahora.

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