Despedida de soltera (parte 8)

En esta ocasión Bea tendrá un encuentro inesperado con alguien que le ha estado espiando.

Cuando todos dormían después de comer, y al ver a las cabras merodear alrededor de la casa, me puse un vestido corto y cómodo sin nada por debajo, y salí en busca de mi espía.

Me quedé un poco paralizada porque vi a un grupo de cinco personas sentadas, mirando hacia la casa y charlando. Me acerqué a ellos, puse una pierna en el muro de piedra y, subiendo un poco más el vestido para dejar asomar la entrepierna, les dije que el que quisiera más que me siguiera.

 

Me fui directa a un almacén que tenían al lado de la casa. Cuando llegué allí me di la vuelta y vi que venían los cinco detrás mío. Cuando estaban dentro les puse en fila y delante de ellos dejé caer el vestido lentamente deslizándose por mi cuerpo.

Les veía la cara de asombro que ponían y como bajaban la cabeza según iba cayendo el vestido. No me lo podía creer lo zorra que estaba siendo, y lo que me estaba gustando serlo. Les pedí que hicieran lo mismo y así les pude contemplar yo también.

El único que merecía la pena era el hijo de los caseros, que estaba fuerte, pero parecía demasiado bruto. Sus dos amigos jóvenes estaban encogidos, medio tapándose, y luego estaban dos ancianos que no habían llegado a ponérseles tiesa.

 

Me puse de rodillas y empecé a clasificarlos y ordenarlos según el tamaño y la dureza que tenían. Me entretuve más con los ancianos, ya que a uno de ellos sí que conseguí ponérsela dura, pero al otro por más que lo intentaba solo se le alargó y endureció un poquito.

Me tumbé y al último fue al primero que le dije que me penetrara, yo creo que se ayudó de su dedo para poder meterla, ya que dentro parecía más dura y rígida.

Fueron pasando luego uno a uno hasta el último, que era mi amigo el mirón. La tenía grande, y no sabía por qué, pero después de tantos que habían pasado por encima y por debajo de mí, estaba todavía ansiosa de tener un trozo de carne nuevamente metido dentro de mí, parecía que me estaba convirtiendo en una ninfómana.

 

Cuando acabamos, los dos ancianos se fueron, y me quedé charlando con los tres jóvenes. Les pregunté por el pueblo por sus gentes, y que hacían para divertirse.

Me dijeron que vivían poca gente en el pueblo, 6 familias en total, dos de ellos eran hermanos, y uno de los ancianos el abuelo. No había chicas jóvenes por lo que no habían tenido muchas relaciones con ellas. Cuando querían algo iban a un prostíbulo que había en un pueblo cercano, pero la mayoría de las veces se masturbaban ellos.

Me quedé sorprendida, y les pregunte si mantenían relaciones entre ellos, a lo que me contestaron que sí, que estos días que yo les estaba calentando, se sentaban en el muro, tapado por los arbustos y se masturbaban unos a otros.

Les dije que me gustaría verles y que si lo hacían, yo mientras me estaría masturbando. Así que se sentaron y se pusieron a meneársela unos a otros mientras yo me acariciaba. Paré enseguida y les dije si no habían probado a tocarse y acariciarse más, a lo que me respondieron con un NO rotundo.

 

Les pedí que me esperaran y me fui a buscar a mi amigo, que seguro que sabía más de esto que yo.

En cuanto le vieron empezaron a taparse sintiendo pudor de que otro chico les viese desnudos. Les propuse un juego, que si lo aceptaban luego me tendrían durante toda la tarde para hacerme lo que quisieran, lo que aceptaron inmediatamente.

Les íbamos a tapar los ojos y luego tenían que adivinar si el que se la chupaba era Boris o yo. También les ofrecimos los orificios de nuestros culos, para que una vez dentro y sin tocar nada mas identificasen cual era el de cual.

Por supuesto que les hicimos trampas y siempre las dos veces se ponía mi amigo por lo que una vez acertaban y otra no, sin notar diferencia.

 

Cuando terminamos una ronda con todos, les quitamos a venda de los ojos e hicimos lo mismo, pero viendo ellos como se la chupaba yo o mí amigo indistintamente. Y , agarrando yo el pene de cada uno, fui metiéndolo en el culo de mi amigo, poniéndome yo debajo para acariciar los cuatro testículos a la vez. Así fueron pasando uno a uno por detrás de mi amigo. Al último que iba a pasar, lo que hice fue sentar en el suelo a uno, para que mi amigo se la chupara de rodillas y con el culo pino, para que mientras el último que quedaba se la metiese.

 

Visto que uno de ellos podía hacer disfrutar a los otros dos, no solo haciéndose pajas, les dije que uno de ellos se pusiera en esa postura para probar.

El hecho de que les iban a abrir el agujero del culo, fue el mayor impedimento que ponían, pero les logramos convencer y cogimos tres ramitas, el que sacaría la ramita más corta, sería el que se pondría en el centro.

Le tocó la más grande  al hijo de los caseros, pero antes de empezar fue mi amigo el que les iba a abrir camino y a facilitarles la entrada, desvirgando los tres culos. Los puso de rodillas, les untó bien con saliva, y fue introduciéndosela a los tres.

Yo para relajarles, me metía debajo e iba acariciando su pene y testículos con mis manos y boca.

Una vez que acabó, se sentó uno de ellos en el suelo y le indicó entre risas al que le tocaba. Refunfuñando se acercó, se arrodilló y empezó a chupársela. Luego fue el otro, ayudado por mi amigo y comenzó a introducírsela. Yo como siempre me ponía debajo, para observar y meter mano donde quisiera.

Mi amigo retiró al que se la estaban mamando y lo llevó detrás del otro, para que se la metiese, y así lo hizo, y el último la metió a mi amigo.

Con lo que yo tenía al alcance de mis manos a ocho testículos golpeándose entre sí. Me di la vuelta, abriendo mis piernas y recibiendo el impulso de todos dentro de mí por medio del pene del primero.

 

Lo prometido era deuda, así que me tumbé y fui dejando que los tres se subieran encima de mí, dejándoles hacer lo que ellos quisieran con mi cuerpo.

No tenían mucha experiencia, por lo que sus movimientos iban buscando su propio placer, cosa que fui cambiando y enseñando a besar, en vez de morder un pecho de mujer. Cuando acabaron, les dije si no querían probar algo más. Les pregunté si alguna vez le habían comido un coño a una mujer. Ellos me dijeron que si querían comérmelo, así que de nuevo uno a uno fui ofreciendo mi coño para que pudieran degustarlo.

 

Acabe agotada, pero sin embargo todavía quería sentir más placer dentro de mi cuerpo. Tenía esta oportunidad antes de casarme. Al principio la cogí con miedo, pero ahora quería más y sabía que dentro de un par de días dejaría estas orgías y me dedicaría solo a mí marido.

Por eso en la siguiente ronda les dije que quería que en cada postura participase el mayor número de ellos.

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