Despedida de soltera (parte 10)

La semana de celebración de la despedida de Bea está llegando a su fin y con ella sus contactos sexuales con los amigos.

Con Adolfo estuve en la postura del 11 de bastos, era la primera del día, y me hubiera gustado empezar con un pene de un tamaño más adecuado, pero la suerte es caprichosa, y tocó de esta forma. Además, estaba tan dilatada mi vagina, por tanto tiempo que había permanecido abierta, que ya casi no volvía a su ser.

La postura era muy parecida al juego de la carretilla, siendo yo la carretilla y Adolfo el que en vez de agarrarme de los tobillos, agarraba mis muslos y me penetraba. Fue una penetración complicada, ya que yo no me podía abrir mucho, aun así, algo pudo meterla, y con movimientos constantes para adelante y para atrás, consiguió llegar al orgasmo.

Cuando vi que el siguiente era Donato pensé que iba a acabar rota teniendo a los dos seguidos. Tenía la carta del 1 de espadas. Si hubiera sido el primer día no hubiera aguantado, pero ahora, sabía que podía con cualquier cosa.

Era la postura típica de cuando empiezas a hacer el amor, yo tumbada y él encima de mí. Como una novata, me dejé hacer. Dejé que llevase él la iniciativa.

No me metió todo el pene entero, y así aprovechó para meter su mano entre los dos y acariciarme el clítoris hasta llegar al orgasmo, momento en el que me introdujo todo su pene dentro de mí. Pensé que me moría al sentirme tan llena mientras estaba llegando.

Creo que fue el orgasmo más largo, o se unieron más de uno juntos, ya que mi corazón parecía que estaba parado necesitando terminar la descarga para poder resucitar de nuevo. También él llegó, y con ello se acabaron mis temblores.

 

Había empezado el sábado muy fuerte, e iba a tener que descansar para poder recuperarme, pero el siguiente era Isidro lo cual me hizo cambiar de opinión y hacer un pequeño esfuerzo.

Era la última  vez que lo haría con Isidro. La postura era el 6 de oros, así que pensé que cuanto antes pasase mejor. Me limpié un poco el sudor y restos de mi flujo, y sin esperar a que se contrajese nada, le dije que empezásemos.

Él permanecía sentado al borde de la cama, esperándome. Yo me introduje su pene y me dejé caer para atrás, relajándome, y dejándome llevar como una ola, tras sus fuertes embestidas. Estaba tan abierta y humedecida, que apenas le notaba dentro.

Tenía la cabeza casi apoyada en el suelo, con lo que no le veía, solo me agarraba a sus muñecas. Deseaba que viniese alguien al rescate de mi deriva, y así fue como de nuevo Isma se acerco a darme su beso preferido en mis labios, con las cabezas invertidas, sujetándome la cabeza.

Noté otras bocas que me comían mis pechos, y con sus rodillas, sujetaban mi espalda. Notaba el roce de sus penes en mis costillas, y de este modo pude aguantar las embestidas sin control que me daba Isidro.

 

No quería acabar así, por lo que le dije a Eloy que sacara una carta. Sacó el 2 de bastos y nos pusimos en faena. En esta postura, en la que afortunadamente  era yo la que me movía, él permanecía tumbado y quieto, mientras yo de cuclillas me movía encima de él.

Esta vez sí pude disfrutar del pene tan largo y estrecho que tenía. Lo metí hasta dentro sintiendo su punta llegar hasta el fondo. La pena fue, que él llegó demasiado rápido, dejándome con la miel en los labios.

 

Paramos para comer, y después de comer fui con ganas a la siguiente  postura, pero le tocaba a Néstor, que aunque físicamente no estaba mal, es un poco parado, y lo que yo necesitaba ahora era sexo más salvaje.

Sacó el 5 de bastos y nos pusimos a ello. Yo me tumbé en el suelo con las piernas abiertas, invitándole a la penetración, él se acomodó buscando la entrada con su mano. Una vez que consiguió meterla, yo levanté un pie hasta el hombro suyo, y comenzamos a movernos.

Llevábamos ritmos descompensados, yo quería ir muy rápido, y él no me seguía el ritmo. Tuve que agarrar sus caderas con mis manos para imponerles más movimiento. Eso parece que le gustó y comenzó a animarse y a parecerse a lo que yo estaba esperando. Aguantó bien mis exigencias, ya que no llegó hasta que yo no estuve plenamente satisfecha.

 

Después volvía a estar con Hugo, me apetecía estar de nuevo con un amigo, ya que los demás, aunque me puedan gustar, los miro como conocidos simplemente.

Sacó el 3 de oros y esta vez Hugo permanecía sentado en el suelo, con las piernas flexionadas, y dejando hueco entre ellas y su pecho para que yo me sentase. Me senté y comenzamos a movernos. Nos mirábamos y nos reíamos.

Él me atraía con sus piernas contra mi espalda, para acercar mis pechos a su boca, yo me movía encima de su pene buscando mi placer individual, pero que con ello alcanzó el suyo.

 

El siguiente en disfrutar era Yago, con una  postura cómoda para él, ya que tenía que permanecer tumbado, y yo me sentaba encima suyo, dándole la espalda. Era el 7 de espadas.

Se me hizo extraño que su hermano no viniese, y más aun que mis pechos estuvieran botando sin que nadie fuera a comérselos, así que mire a  Germán, que era el último que quedaba, y agarrándome un pecho, se lo ofrecí para que fuera abriendo boca.

Vino Germán, pero también se acercó Isidro, y tenía a los dos comiéndome sendos pechos. Isidro me hacía algo daño, llegándome a descentrar mi placer, por lo que le tuve que pedir ayuda con la mirada a mi amigo Isma, que con gran maestría, aprovechó para meter su cabeza, mientras Boris metía la suya entre las piernas de Isidro.

Al principio se sorprendió y se apartó un poco de mi, pero lejos de decirle que no, se acomodó al lado nuestro para que Boris siguiese con su mamada.

 

Tenía que terminar el juego de cartas con Germán. La última carta que tenía en mis manos era el 4 de bastos. Me agradaba terminar con él, y quería que esta vez no fuese como las otras dos, y poder alargarlo lo máximo posible.

Yo me tumbaba y él se echaba encima de mí abrazándome y penetrándome. No me defraudó, y sus movimientos hacían que sintiese dentro de mí mil sensaciones. Me besaba el cuello y los pechos, notando el roce de sus labios en mi piel como si fueran pequeñas descargas eléctricas.

Le paré para que yo no llegase, y giramos sobre nosotros mismos, para ponerme yo encima de él. Ahora era yo la que me movía, demostrándole que yo también sabía moverme y buscar el placer que me daba su pene dentro de mí.

Me movía en forma circular, apretaba mi pelvis contra su pene, alternaba empujes suaves, con acometidas profundas, buscando meterme hasta sus testículos. Cuando noté que podía llegar él, paramos y volvimos a girar, cambiando los papeles, y siendo él, el que se movía.

Así estuvimos alargándolo hasta que ya no aguantamos más y cuando reventó el placer de mi interior, noté también como él derramaba su líquido dentro de mí.

 

Esa noche volvieron a acercarse mis amigos, Boris, Isma e Hugo a mi dormitorio. Estuvimos recordando lo que habíamos hecho, riéndonos, sorprendidos de la actitud de Isidro. Le pedí a Boris que nos pusiéramos los dos a masturbar a nuestros amigos, tal como ya me había enseñado, pero esta vez, pudiendo verle a él como lo hacía. Así, comprobaba como había aprovechado estos días, y así  poderlo poner en práctica con Gus.

Boris cogió a Hugo, y yo cogí a Isma. Se tumbaron los dos boca arriba, pero invertidos, así yo podía ver de frente como lo hacía Boris.

 

Luego, Hugo e Isma me estuvieron propusiendo juegos que podía utilizar con Gus.

 

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