Semana 1ª: los sentidos

 

Empezamos el año con la carta del 8 de oros. Fue mi mujer Bea la que organizó este primer encuentro.

Esperaba ansioso la sorpresa que tendría preparada Bea para esta postura.

La postura en concreto consistía en que ella se tumbaba en la cama boca arriba y con las piernas flexionadas y abiertas, esperaba a que yo la penetrase.

Cuando llegó el día, Bea me pidió que me sentase y me dijo que todos mis sentidos iban a estar pendiente de ella.

Puso una música sexy y comenzó a hacerme un baile sensual mientras se desprendía una a una de sus ropas.

Era un verdadero placer verla bailar, su cuerpo se movía con soltura, mostrando su belleza.

Se había puesto un conjunto de tanga y sujetador que yo no se lo había visto nunca, y que le quedaba realmente bien.

Cuando se despojó de la ropa se acercó a mí y me dijo que podía pasar al siguiente de mis sentidos, que era el olfato.

Llevaba distintos perfumes por las zonas de su cuerpo, y yo iba oliéndolos delicadamente. Olfateé cada rincón de su cuerpo, intentando averiguar cual se había echado en esa zona. Los aromas se mezclaban según subía la excitación, fundiéndose en nuevos aromas  en su cuerpo.

Cuando finalicé el sentido del olfato pasé a la fase del tacto.

Acariciaba su cuerpo, sintiendo los poros de su piel en las yemas de mis dedos. Cerraba mis ojos y buscaba suavemente las pequeñas y pocas imperfecciones que tenía su cuerpo, como esa pequeña peca en la parte baja de su pecho derecho.

Después de todo esto, me dijo que podía utilizar el oído en su cuerpo.

Me puse a escuchar su respiración, su corazón, el ruido de su estomago. Pero ella me dijo que si quería podía oír como suenan distintas partes de su cuerpo, pegándole pequeños cachetes. Nunca se me hubiera ocurrido pegarla, pero propuesto así, sonaba hasta bonito.

Comencé escuchando el ligero toque de mis dedos con sus glúteos, haciendo pequeños ritmos, e incluso utilizando alguna vez la palma de la mano. Así fui poco a poco escuchando el sonido de su piel.

Cuando ella se cansó me pidió ya que pasara a saborearla, lo cual hice muy gustoso.

Se tumbó en la cama boca arriba, flexionando las rodillas y abriéndose de piernas. Yo me acerqué a ella y empecé a besarla en  la boca, a degustar esos labios que tantas veces había besado, continué por todo su cuerpo hasta acabar entre sus piernas.

Dejé que llegase al clímax y entonces, colocando mis pies hacia su cabeza, alrededor de su cuerpo, la penetré.

La había degustado con todos mis sentidos, como nunca antes había degustado a nadie, me había vuelto a enamorar de ella y la quería más que nunca y ahora estaba culminando ese amor en un éxtasis que me hacía inundarla por dentro

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