Semana 34ª: espiando en la piscina

Estábamos de vacaciones en un hotel, y no dejábamos de poner en práctica la postura de esta semana, el 8 de espadas.

El hotel era tranquilo, lo acababan de abrir y no estaba muy concurrido. Nos dieron una habitación en la planta baja, cuyo balcón tenía salida directa a la piscina interior del hotel.

Los cristales de la habitación eran tintados, con lo que nosotros podíamos ver la piscina, pero los que estaban en ella no nos podían ver.

Una de las tardes, nos quedamos en la habitación ya que queríamos un poco de intimidad.

Vimos que estaban dos parejas de amigos en la piscina. Una de las parejas estaba tomando el sol. La otra pareja, ella le estaba dando un masaje en la espalda a él.

Yo me senté desnudo en la cama, con mis manos apoyadas atrás, y Bea se sentó encima de mí con sus manos igualmente apoyadas atrás. Era ella la que se podía mover, pero al estar echada hacia atrás me dejaba ver su cuerpo desnudo.

Me gustaba mirar a la calle y ver que hacían en la piscina mientras nosotros estábamos haciendo el amor. Intercambiaba las miradas a mi mujer con las vistas de la piscina.

Uno de los viajes que miré, la chica que estaba dando el masaje a su novio, se había metido a darse un baño, y en ese momento el novio de la que estaba tomando el sol, se levantó para introducirse a la piscina.

Todo normal, hasta que se pusieron a hacer un poco de bulla levantándose en el aire y tirándose a la piscina.

Bea me insinuó que entre esos dos iba a haber algo ya que decía que le agarraba muy cerca de ciertas zonas. Yo le dije, que no, que debían de ser amigos y por eso tenían esas confianzas. Bea me respondió que demasiada confianza es agarrarle él a ella en el muslo, tan cerca de su entrepierna.

Eso me hizo poner más atención en mis miradas, y en verdad que cada vez él subía su mano más arriba del muslo, rozándole el bikini, y con la otra mano puesta debajo de su enorme pecho.

Ella era muy delgada, contrastaba sus desproporcionados pero bonitos pechos.

Uno de los viajes que la tiró, pude vérselos, ya que al salir del agua uno de ellos estaba fuera. Él se lo dijo y ella le miró de forma muy picarona.

Se arrimaron en el agua y comenzaron a darse caricias. Mi mujer volvía a tener razón, y tuve que reconocérselo.

Al cabo del rato, salieron de la piscina, y dio la casualidad que se pusieron delante de nuestro balcón, tumbados, detrás del pequeño seto, para que no les viesen sus respectivas parejas.

Allí siguieron con sus caricias, lejos de las miradas de sus novios pero no de las nuestras.

Los pechos de ella, que ya me habían chocado viéndola en bikini, cuando se lo quitó, me sorprendieron mucho más, ya que parecían que iban a explotar de redondos e hinchados que estaban. Parecían dos globos totalmente ajenos a la ley de la gravedad, flotando delante de ella como si no pesasen.

El bañador de él parecía que se iba a romper con la presión que hacia su pene para salir.

Ella se dejaba hacer, metiéndole él mano por todo el cuerpo y dejando su cuerpo desnudo por el magreo de él.

Por fin ella se decidió a hacer algo y fue en busca del pene de él. Lo sacó fuera de su prisión y comenzó a meneárselo.

Mejor hubiera sido dejarlo como estaba, ya que él tubo una repentina sacudida, escupiendo el liquido de su interior y manchándole la mano y parte del estomago a ella.

Se tuvo que levantar e ir hacia la piscina, con las dos partes del bikini en una mano y la otra manchada de semen. Verla correr desnuda, me sorprendió más, ya que sus enormes globos se balanceaban sin conseguir yo saber cómo podía mantenerse en pie sin perder el equilibrio, cuando toda la carne de ellos golpeaba hacia el mismo lateral.

Una vez en la piscina se colocó rápidamente el bikini. Él se metió también en el agua, un poco avergonzado, pero dispuesto a corregir su error.

Se fueron a la orilla, permaneciendo dentro de la piscina, ella con sus manos apoyadas en el borde de la piscina, y él a su lado, mirando ambos a sus parejas.

Él metió disimuladamente su mano dentro del agua, y fue buscando el triangulo de su bikini, introduciendo su mano dentro.

No dejaban de mirar a sus parejas, pero él tampoco dejaba de masturbarla, ya que la cara de gozo de ella la delataba.

No era el día de suerte de ella, ya que al poco se levanto su novio y fue hacia donde estaban ellos. Ella le hizo un gesto a su ocasional amante para parar, pero él no quiso soltar la presa que tan a gusto tenía agarrada, así que permaneció con la mano entre sus piernas.

El novio se sentó en el borde de la piscina al lado de ellos y comenzaron a hablar. La postura que tenia él era parecida a la que teníamos nosotros, con las manos hacia atrás. Pero nosotros unidos unos con otro.

En la cara de su novia se dejaba notar lo que estaba pasando. Disimulando para que su novio no se diese cuenta, pero gozando por lo que le estaba haciendo su amigo.

No sé si llegó al orgasmo, pero cuando ya no pudo más, se metió debajo del agua, seguramente a expandir su placer sin ser vista.

Bea comenzó a moverse más rápidamente, signo inequívoco de que estaba a punto de llegar.  Yo, que estaba  excitado por lo que estaba viendo, me pasó lo mismo que a nuestro espiado, y solté todo mi semen dentro de Bea. Seguido llegó Bea, amarrándome fuertemente de la cabeza, y llevándome hacia sus pechos, que aunque no tan grande como los otros, si se veían más naturales y proporcionados en el cuerpo de Bea.

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