Semana 37ª: una buena lección

Tocaba el 8 de copas, ella se tumbaba, yo agarraba sus piernas juntas y me las echaba sobre un hombro, y así en esa postura, la penetraba.

Se me ocurrió que yo podía ser el profesor y Bea una de mis alumnas, y nos tocaba dar una clase de anatomía.

Bea era una alumna muy descarada y que siempre estaba dando problemas en clase.

Se vistió como una colegiala, con falda de cuadros, blusa blanca, calcetines largos y un par de coletas.

Cuando empezamos la clase Bea se hizo la graciosa, por lo que le mande salir a la pizarra.

Le dije que enseñara ella  a sus compañeros lo que estábamos dando. Bea se abrió la blusa y enseñó los pechos.

Proseguí la clase diciéndoles la función de mama que tenía el pecho.

Le agarré el pezón con la intención de erizárselo, y decirles que una vez que estaba gordo, servía para mamar. Y así lo hice yo para que se viese bien.

Luego le dije que se diera la vuelta y se inclinase hacia la pizarra.

Una vez inclinada le levante la falda sobre su espalda, dejando ver su braga blanca.

Comenté que las caderas de las mujeres eran más anchas que las de los hombres porque se tenían que ensanchar para poder dar a luz. Mientras explicaba esto, le agarra bien su culo.

Luego le bajé la braga hasta las rodillas dejando su culo al aire. Abrí sus glúteos para enseñar su ano.

Les explique que era un orificio de salida, pero para ver que había agujero, metí mi dedo, moviéndolo un poco dentro.

Luego le dije que se sentara encima de la mesa con las piernas abiertas, y allí les fui enseñando las distintas partes de la mujer.

Tocaba el monte de Venus mientras se lo nombrada. Agarraba todo el conjunto diciéndoles que eso era la vulva. Abría sus labios mayores. Jugaba con sus labios menores para mostrárselos bien. Les indicaba la zona del periné. Les mostraba su hermoso clítoris, y por fin metía un par de dedos dentro de su vagina diciéndoles que era más ancho que el orificio anterior.

Una vez dentro, les indicaba donde podían encontrar su punto G, acariciándoselo y calentándola bastante.

Luego pasábamos al acto reproductor, la tumbé en el suelo, cogí sus piernas juntas, me las subí al hombro, y proseguí enseñando lo que había que meter y donde había que meterlo.

Continuando con mi interpretación, una vez dentro les mostraba a mis alumnos imaginarios, como había que moverse. Les decía que la forma más rápida era para delante y para detrás, entrando y saliendo continuamente. Pero que si querían dar más placer a su pareja, podían subir y bajar, moverse de forma lateral, o de forma circular y así flotar su clítoris.

Así estuve dando un buen rato, cambiando mis ritmos y mis movimientos. Cuando estaba a punto de llegar, saqué mi pene y les dije la velocidad con que salía expulsado el semen dentro de la mujer. Así que terminé de movérmela un poco y deje que se expulsara todo mi semen libremente encima de Bea.

Bea no pudo más, me echó una pequeña reprimenda, llevó mi cabeza a su entrepierna, diciéndome que ahora tenía que acabar lo que había empezado.

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