Semana 39ª: una oportuna avería

Esta semana habíamos sacado en suerte el 5 de espadas.

Yo tenía que permanecer tumbado con mi espalda en la cama mientras que ella se sentaba encima de mí.

A mitad de semana dio la casualidad que empezó a gotear un latiguillo debajo del grifo de la cocina.

Me puse el buzo de trabajo, y cogí mis herramientas.

Estaba tumbado con mi cabeza metida debajo del lavabo. Cuando quité el latiguillo viejo, le dije a Bea que me cogiera el latiguillo y me lo pasara.

Note como Bea me abría la cremallera del buzo, lo justo para sacar mi pene, y me dijo que lo tenía un poco pequeño como para colocarlo. Así que se lo metió en la boca y empezó a calentármelo.

Yo permanecía debajo del lavabo sin poder ni querer moverme, notando como me iba poniendo a tono.

Una vez que ella me vio preparado, se sentó encima de mí comenzando un baile de placer.

No le veía la cabeza, solo veía su vestido amarillo colgando de sus piernas y su ágil movimiento.

Cuando llegamos al orgasmo, se levantó y me acercó el latiguillo para seguir colocándolo como si no hubiera pasado nada.

 

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