Semana 46ª: a la luz de las velas

Habíamos preparado el salón en plan romántico, con la luz apagada, y unas cuantas velas iluminándonos. Nosotros, nos habíamos vestido de etiqueta, yo con traje y corbata, y Bea con un vestido largo, de color verde terciopelo. Todo preparado para poner en práctica la postura del 7 de copas

La cena era un continuo ejercicio de insinuaciones, miraditas, manos furtivas por encima de la ropa, e incluso sus pies los utilizó para acercarse a mi paquete.

Cuando acabamos de cenar, recogimos todo, y solamente dejamos las velas encendidas.

Estábamos bastante excitados, nos estorbaban las ropas y nos quedamos sin ellas. Permanecimos acariciándonos sin prisas, y un par de copas de champán a nuestro lado. Nos besábamos con suavidad. Bea hablaba, mientras mis dedos rozaban su pecho.

Por fin me dijo que tenía una sorpresa que darme. Esa sorpresa era que estaba embarazada.

Me sorprendió la noticia y me sentó como una losa de frío mármol encima de mí, ya que habíamos decidido no tener un hijo por ahora. Pero viendo la cara de felicidad que Bea tenía, finalmente me alegré junto a ella de la noticia. Bajé mi cabeza para besar su estomago, y luego continué por su pubis.

Estuve masturbándola sin pensar en nada más, contento de que por fin lo habíamos conseguido.

Luego, permaneciendo ella de costado con una de sus piernas echada para atrás, me puse al lado suyo y la penetré de costado, abrazándola y besando su boca.

Bea con una mano me sujetaba la cabeza, sin dejarme separar mis labios de los suyos, mientras yo con mi mano acariciaba sendos pechos.

Bea apoyó toda su espalda en la cama y sus piernas sobre mis caderas, yo me fui yendo para atrás separando mi boca de la suya, colocándome bajo sus piernas, formando una T

Fui llevando un ritmo lento, la postura en la que estaba le obligaba a estar más cerrada. Cuando noté que se estaba lubricando más, fui aumentando el ritmo, moviendo mis caderas para darle más placer.

Al final llegué con la rapidez de movimientos de un conejo mientras le trabaja a su hembra.

Deseé que no fuéramos ahora como los conejos y tendríamos una gran camada, pero la labor ya estaba hecha, y ahora solo me quedaba esperar.

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