Semana 48ª: una fiesta hippy

Ya solo nos quedaba una carta en la baraja, el Caballo de espadas. Y para celebrarlo, como no, preparamos una fiesta.

Nos decidimos por ambientar una  fiesta hippy. Colgamos de la pared símbolos de la paz, así como mensajes del tipo: haz el amor y no la guerra.

Cenamos una cosa sencillita y acabamos el postre escuchando música de los 60.

Bea llevaba una falda ancha, con una camisa también ancha, adornando su cuello varios colgantes. Su pelo estaba suelto, me gustaba tanto verla así.

Comenzamos a hablar del futuro, de lo que nos iba a cambiar la vida cuando nazca nuestro hijo. La veía tan entusiasmada, que me dejaba llevar por la alegría.

Para empezar, teníamos que deshacernos de una de nuestras habitaciones de descanso, y no sabíamos de cual. La que tenía yo para mis pinturas, para mis trabajos manuales y para los pequeños arreglos de la casa, no me hacía mucha gracia, la que tenía ella como biblioteca-despacho, con el ordenador y todos los libros, tampoco queríamos, ya que no sabíamos dónde meter todo eso.

Nos quedaba la habitación gimnasio, pero los dos le teníamos mucho aprecio, no solo por el ejercicio que en ella hacíamos, sino por la unión que en ella realizábamos. No nos decidíamos por ninguna, por lo que dejamos el tema para más adelante.

Como si supiésemos que sería la despedida de la habitación gimnasio. Nos dirigimos a ella y nos tumbamos en el tatami.

Se tumbó Bea de costado, y yo me puse detrás suyo. Comencé a acariciar su clítoris, y ella subía su pierna enroscándola en la mía.

Me fije en los espejos de la pared, en su cuerpo. Como estaba cambiando por el embarazo. Se le empezaba a notar la barriga, pero lo que más había cambiado era su pecho. Su tamaño había amentado, y sus pezones estaban siempre gruesos y erizados. Me gustaba acariciarlos y notar en mi mano su cambio de tamaño.

Mientras me movía dentro de ella, continuaba masturbándola con habilidad. Besaba su cuello y, cuando ella giraba la cabeza, su boca.

Miraba al techo, y nuestra imagen en el espejo me excitaba, pero tenía que esperar hasta satisfacer a ella.

Aguanté, y espere a que ella llegase con su energía habitual, para también llegar yo, y así quedarnos los dos abrazados, hasta quedar dormidos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s