Recordando el juego

Para finalizar el año nos fuimos a un hotel de lujo por todo lo alto. Cenamos y alrededor de las 11 subimos a la habitación.

Nos desnudamos y nos sentamos uno en frente del otro en la cama, abrazados.

Ella se incorporó encima de mí, fundiéndonos en un abrazo.

Nos abrazamos sin besarnos ni acariciarnos, sintiendo nuestra unión.

Notaba su respiración acompasada a la mía. Me sentía dentro de ella, unidos por mi apéndice.

Me venían a la cabeza los buenos momentos que habíamos pasado este último año. Recordaba con placer cada instante.

Estuvimos mucho tiempo en silencio, sin movernos, con nuestros cuerpos entrelazados.

Rompió el hechizo el ruido ensordecedor de petardos y cohetes en la calle, señal inequívoca de que ya habíamos cambiado de año.

Después de juntar nuestras bocas para besarnos, llegó la tranquilidad de nuevo, y volvimos a permanecer inmóviles y abrazados sentados en la cama.

Pensé en las experiencias que había tenido, y recordándolas, humedecí aun más la cueva de Bea.

 

 

 

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2 comentarios el “Recordando el juego

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