Sebas: vida paralela

Mi mujer Diana de siempre ha sido muy clásica a la hora de hacer el amor, ella generalmente se pone debajo y yo encima, le gusta poco masturbarme, y menos  que yo le masturbe. No le gusta que me acerque con la boca a sus partes y ella tampoco se acerca a las mías, porque dice que le da asco. Lo de meterla por algún otro agujero, ya ni lo sueño. El renovar caricias y juegos está prohibido, por lo que es aburrido el hacerlo con ella y ya no existe ni deseo ni pasión por su parte para hacerlo.

Yo por mi parte me gusta experimentar con una mujer, me gusta la pasión de la primera vez que nos entregamos uno con otro, y eso solo se nota en las primeras veces que estamos juntos, por eso necesito cambiar de pareja muy a menudo, incluso tener varias parejas a la vez, y vivir el amor apasionadamente, ya que así es como disfruto.

Sé que ella sospecha y admite mis múltiples deslices, viendo solo la punta del iceberg, pero ella es feliz y yo también.

Alguna vez me he preguntado si yo le dejaría hacer lo mismo que yo hago, y sé que no. Aunque con mis amantes me da igual si tienen pareja o si salen con algún otro mientras estamos liados, con mi mujer no es lo mismo, y me sentaría muy mal.

Una de las mejores relaciones paralelas que llevo es con nuestra amiga y mi compañera de trabajo Sheila.

Ahora somos socios en el negocio. Tenemos que hacer muchos viajes juntos, durmiendo en habitaciones separadas y tenemos mucha complicidad entre nosotros. Ella está casada con un amigo de Diana, que no se si alguna vez ha sido novio de mi mujer, por lo que él no me cae muy bien.

Nunca habíamos mezclado negocios con el placer, pero un viaje que hicimos antes de las vacaciones de verano, nos cambió aun más nuestra relación.

Conducía yo, ella estaba cansada, me dijo que iba a descansar un rato, e inclinó el asiento para dormir. Cuando llevaba un rato dormida, arrimó sus manos a los muslos y se acurrucó.

Llevaba un vestido hasta las rodillas, pero al poner sus manos entre sus muslos se los subió descaradamente hacia arriba dejando ver su tanga blanco. Sabía que era tanga, porque solía llevarlos, y más de una vez se había agachado delante de mí dejando ver esa finita tela, y el principio de la abertura de su trasero.

Poco a poco fue subiendo sus manos hasta frotarlas muy despacio con su entrepierna. Tuve que parar el coche si no quería que nos la pegásemos, ya que no podía dejar de desviar la mirada hacia su entrepierna.

Una vez parado el coche, pude contemplar con mayor tranquilidad los pequeños roces que se iba dando.

Con el movimiento se dejaba ver algún pelillo de su pubis rubio por encima de las puntillas del tanga. Sus labios se perfilaban con la fina tela del tanga, y una pequeña mancha de humedad afloraba en él.

Se notaba que estaba disfrutando, me hubiera gustado despertarla y continuar yo, pero sabía que si hacia eso, la interrumpiría.

Terminó despertándose y sacando su genio que tanto me atraía para los negocios contra mí. Arranqué y fuimos hacia nuestro destino. No hablamos en todo el camino, y así como otras noches, nos juntábamos en una de las dos habitaciones, para preparar el día siguiente, esa noche nos fuimos a la cama sin decirnos nada.

Esa noche eché de menos la confianza que tenia conmigo, para tumbarnos en la cama a ver la televisión, aunque yo miraba otras cosas que ella bien intencionadamente me mostrada, como sus generosos escotes sin sujetador, o sus camisas con bastantes botones, descuidadamente desabrochados. Debajo ella sólo llevaba la braga con la que dormía, y a través de la cual se perfilaba su culito redondito y bien firme, debido a las horas de gimnasio bien aprovechadas. Nuestras reuniones nocturnas, servían para calentarme, pero nunca había intentando nada con ella aunque me atraía bastante.

Al día siguiente hablamos más bien poco, así que por la noche, fui yo quien se acercó a su habitación a pedirle perdón y excusarme por haberla mirado. Me explicó lo que yo ya sabía, que su marido pasaba mucho tiempo fuera de casa y no se ocupaba de ella adecuadamente. Aproveché con un poco de humor  para ofrecerme como objeto para su satisfacción. Ella siguiendo con ironía, me dijo que primero tenía que verme para saber si daba la talla. Así que haciendo el tonto, acabe desnudo delante ella, mientras me miraba y me daba su visto bueno. Luego, la cosa se puso más seria, y empezamos a besarnos.

Fue una explosión de furia lo que llevaba dentro, me besaba por todo el cuerpo. Notaba como con su boca abierta iba dejando húmedo  todo mi cuerpo. Su boca succiona mi piel a su paso, me mordía con sus labios. No he estado nunca con otra mujer que  le gustase tanto el sexo, y encima que lo hiciese bien.

Después de ese día, me dijo que no quería mezclar el amor con el trabajo, que lo que habíamos tenido era sexo. Yo le dije que me parecía perfecto, y que cuando necesitase sexo que me lo dijese. Y así lo hicimos.

En los viajes seguíamos cogiendo habitaciones separadas, pero cuando ella necesitaba desfogarse, recurría a mí para ello. Nunca la he presionado ni la he buscado para hacerlo, siempre he esperado a que sea ella la que quiera, y así los pocos polvos que hemos echado han sido de una intensidad brutal, llegándonos a marcar.

Esta relación es perfecta para mi forma de ser, de no poder  tener una sola relación, y necesitar tener varias relaciones juntas, para sentirme satisfecho, y entre medio de esas relaciones tener alguna que otra aventura.

Yo pienso, que el primer polvo que echas con una mujer, es el mejor, el más apasionado, luego van perdiendo fuerza y pasión, llegándome a aburrir, por eso busco distintas aventuras, preferiblemente con mujeres que ya tienen experiencia y que no se cortan a la hora de follar. Prefiero a muchas divorciadas con las que me he acostado, que están totalmente desinhibidas y saben a lo que van, que a jovencitas vírgenes y llenas de perjuicios a las que un simple beso les parece un gran orgasmo.

Me gusta picotear, probar las mejores tapas de cada casa, y solo repetir con aquellas que verdaderamente me gustan y no me atan.

2 comentarios el “Sebas: vida paralela

  1. Pingback: Sheila; de maestra a alumna | Fantasías en pareja

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