Melissa; un cambio en la vida

Desde que mi último marido se fue, mi vida sexual ha mejorado sensiblemente. Estaba felizmente casada, o eso creía yo, ya que mi marido estaba casado conmigo y tenia de novia a otra mujer, sin que la otra supiese de mi existencia ni yo de la suya. Ahora, me he dado cuenta que todo era falso. Antes vivía con más estres, más nerviosa, más ajetreada, y hasta mis orgasmos eran sucedáneos. Ahora he descubierto como auto satisfacerme sexualmente, y vivo más relajada.

Por las mañanas, me pongo el despertador bastante antes de la hora de levantarme, para empezar a despertar mi cuerpo acariciándome suave y lentamente.

Comienzo con mis pechos, acariciándomelos con las dos manos. Pasando mis dedos alrededor de ellos y terminando en mi pezón con un pequeño apretón. Me relajo haciendo pequeños circuitos zigzagueantes con mis dedos por todo mi pecho.

Luego voy bajando mis manos por el estomago hasta llegar a mi pubis. Me gusta tener pelos en los que enredar mis dedos y jugar con ellos. Hacer pequeños círculos y enredar mi dedo con mis pelos haciéndolos todavía mas rizados.

Llego hasta mi clítoris, que lo voy rodeando suavemente bajando hasta la entrada de mi vagina, en la cual sin introducir mucho mi dedo, lo humedezco para volver a subir a mi clítoris y ahora húmedo, empiezo a acariciarlo.

Con una mano, me abro bien los labios para así con la otra no tener ninguna dificultad en bajar y subir de mi clítoris a mi vagina, según me pida el cuerpo.

Cuando estoy apunto de llegar, uno de mis dedos se introduce en mi vagina el máximo posible, mientras con el otro sigo con los movimiento circulares en mi clítoris.

Llegando al orgasmo y terminándome de despertar por completo.

Cuando me levanto voy a la ducha, y allí con la alcachofa en la mano, voy guiando el chorro por todo mi cuerpo, notando los finos chorros como golpean y me hacen cosquillas en la cara, en la espalda, en el pecho, en el estomago, en mis piernas, en el culo y ya me voy dirigiendo el chorro hacia los dos orificios que los limpio introduciendo mis dedos suavemente y sintiendo los finos chorros en toda mi entrepierna. Hay veces que he llegado a tener otro orgasmo.

Luego voy a trabajar y vuelvo a casa a comer.

Después de comer y siempre como un reloj voy al servicio. Y después voy a mi insustituible bidet. Allí utilizó un abundante chorro de agua para que me dé de lleno en todos mis labios. Aprovechaba mi dedo índice para limpiarme bien mi ano, moviéndolo con suavidad dentro de el. Con el pulgar me lavo el interior de mi vagina y hago una pequeña pinza, haciendo pequeños círculos entre los dos dedos con la única separación de la pared que hay entre medio de los dos orificios. Sintiendo el agua caer a chorro entre mis piernas. Hay veces que cambio la temperatura del agua para ver hasta donde puedo aguantar.

Según como termino en el bidet, me tumbo encima de la cama totalmente desnuda mientras continuo acariciándo mi cuerpo, buscando cualquier rincón, que con las yemas de mis dedos me pudiera hacer la más mínima cosquilla, hasta que suena la alarma para volver al trabajo.

Después de trabajar por la tarde me tomo algún refresco con las amigas y vuelvo a casa a pegarme un relajante baño.

Me lleno la bañera de agua, más bien caliente, para que con el tiempo que voy a estar no se queda muy fría. Le echo unas sales y me meto sin ningún horario de salida.

Es el momento de buscarme mi punto G. Me introduzco mi dedo corazón dentro de mi vagina y busco en la pared detrás del clítoris para localizar un punto que me hace unas cosquillas distintas a las demás. Al presionarme sobre el me produce un cosquilleo parecido a cuando tengo ganas de hacer pis, pero mas intenso y mas placentero. Me relajo de tal modo que no se si alguna vez al llegar al orgasmo se me a escapado alguna gota de pis o me he meado entera en la bañera.

Hay veces que esos movimientos los acompañó también frotándome el clítoris. Con lo que las dos frotaciones, con las dos sensaciones tan distintas en mi cuerpo, me hacen llegar de una forma tan intensa que necesito bastantes minutos para poder ponerme de pie y salir de la bañera.

Al llegar la noche y después de leer un libro en la cama la necesidad de tener algo fuerte y rígido entre las piernas se me hace mas intensa. Por ello tengo a mis tres amigos, que les llamo “my friends” que me acompañan por la noche.

Uno es pequeño de unos 8 ó 9 cm de largo y 2 ó 3 de ancho, parecido a un dedo pero mas ancho. . De color lira, hace mis delicias con sus vibraciones regulables y su mando a distancia. Este pocas veces lo utilizaba por la noche. Casi siempre lo utilizo de día, cuando se que las cosas pueden ir mal o ser aburridas, me lo introduzco en la vagina, y cuando voy en el metro sentada, cruzo las piernas, le doy a la vibración y me dejaba llevar por el movimiento del vagón. También le doy corriente cuando llega algún cliente pesado al cual como dice mi jefe siempre hay que poner buena cara.

Tenía otro de color azul suave pero más rígido que el anterior. Mide entre 15 y 16 cm. Y de una anchura de 5-6 cm en la parte inferior lleva un pequeño anexo que es por si quieres tener una doble penetración y que yo raramente lo he utilizado.

El tercero es el que yo más he utilizado. Es uno de color rojo tremendo de grande. Medirá casi 25 cm. Y es en forma cónica midiendo su base unos 8 ó 10 cm. Tiene la forma de un pene, con sus testículos colgando y sus melenas de bello púbico encima de el. El tacto tanto de el como de los testículos se asemejan mucho a los de un hombre. Tiene unas anillas a los costados para poder atármelo a las caderas en caso de hacerlo con otra mujer. A la hora de comprármelo me asustaba su tamaño, pero el de la tienda me dijo que mejor que sobre a que falte y se lo compré.

Casi siempre utilizo este por las noches. Pocas veces he llegado a introducírmelo entero. Pero meta lo que meta, siempre es un placer utilizarlo y acabar la noche dormida con el metido entre mis piernas.

Mis fines de semana desde que me ha dejado mi ex han cambiado por completo. Antes era tener sentado a alguien en el sofá comiendo y bebiendo y viendo cualquier deporte que echasen el fin de semana. Yo tenía que ir limpiando todos sus restos. A todos los hombres con los que había convivido en casa tanto mi primer marido como otras parejas que había tenido, les gustaba algún deporte y lo veían los fines de semana, fútbol, coches, motos, ciclismo, tenis. Pero a mi último marido le gustaban todos y no había forma de moverle del televisor durante el fin de semana.

Ahora que estaba libre de nuevo los quería aprovechar al máximo. Salía con mis amigas y si me interesaba alguien me acostaba con él, pero solo lo utilizaba para una noche ya que no quería comprometerme y tenerlo siempre en casa rompiendo mi rutina.

Los fines de semana mis sesiones de baño se hacen eternas, explorando mi cuerpo.

Por las mañanas soy mas perezosa a la hora de levantarme, enroscándome entre las sabanas y la almohada, buscando algún montículo para refrotarme contra el.

Ya no necesito a un hombre al que tenga que hacerle todas las cosas de la casa y que cuando el quiera me abra de piernas, se me suba encima y descargué sobre mi. Luego se de media vuelta y se quede dormido olvidándose de que mi cuerpo también necesita placer.

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