Lucio; la gran fiesta

Me llevé una gran sorpresa, cuando mi novia me presentó a una de sus amigas. Al principio no la conseguía recordar, pero a base de darle vueltas a la cabeza conseguí hacerlo.

Había cambiado bastante, se llama Soraya. Ahora está gorda y sin cuidarse ni el pelo ni la cara, aún así la conseguí reconocer debido a su cara redondita.

La conocí hace ya algunos años. Mis amigos y yo íbamos a celebrar un cumpleaños nosotros solos. Uno de nosotros la conoció unos días antes y la invitó a venir junto con sus amigas, para ver si podíamos ligar alguno de nosotros con ellas.

La sorpresa fue cuando se presentó la valiente de ella sola a la cena.

Empezamos a beber mucho antes de cenar. Élla estaba un poco cortada al principio, fue la que más bebió de todos.

En la cena ya estábamos calentitos todos, por lo que empezamos a bromear de temas sexuales entre nosotros.

Una vez que cenamos, seguimos bebiendo, y para animarnos, le propusimos hacer un juego.

Le dijimos de jugar al orón: repartíamos las cartas y el que se quedase con el as de oros, se tendría que quitar una prenda.

Empezamos a jugar y alguno de nosotros se tuvo que quitar la camiseta. El momento emocionante vino cuando le tocó a ella, ni corta ni perezosa le dijo a uno de nosotros que le ayudase a desabrocharse el vestido, dejándoselo caer a los pies. Nos quedamos con la boca abierta contemplando a ella en ropa interior por lo que se echó a reír. Llevaba un conjunto negro clásico de braguita y sujetador. Por lo menos le faltaban dos tallas por lo que las tetas, que las tenias grandes, se le salían por encima de la tela y por su culo asomaban los mofletes también evitando la pretura.

Seguimos jugando y al cabo del rato yo me tuve que quedar en calzoncillos dejando ver mi paquete.

Seguido le tocó a ella y se soltó el sujetador saliendo sus tetas, como dos prisioneras o presas en él. Las tenía grandes y redondas, algo caídas y con los pezones perfectamente simétricos mirando al frente.

Uno de nosotros se tuvo que quitar el calzoncillo. Ella preguntó si se lo podía quitar, y el otro accedió. Al bajarle el calzoncillo, su pene salió como un muelle hacia ella, que le sorprendió gratamente.

Sucesivamente nos iba tocando a uno de nosotros desnudarnos, ella cada vez acercaba más su cara a la entrepierna del que tenía que quitarle el calzoncillo.

Ya solo quedábamos dos amigos y ella, sin acabar de desnudar. Los demás permanecían desnudos alrededor nuestro, esperando acabar la partida. Ella estaba venga a mirarles riéndose continuamente.

La siguiente partida me tocó a mí y rápidamente se acercó y se agachó a la altura de mi pene y empezó a bajarme el calzoncillo. No calculó bien la distancia a la que ponerse, y al bajarlo, salió mi pene directo a su barbilla.

La siguiente partida, por fin le tocó a ella, y se quitó lo único que le quedaba, su braguita.

Aunque estaba un poco rellenita, su cuerpo era muy bonito, no tenía michelines y todo donde mirabas era redondo, su cara redondita, sus mejillas redonditas, sus pechos redonditos, su culo redondito, y hasta sus muslos cilíndricos encajaban en su redondez

Le propusimos que ahora que estábamos desnudos jugaríamos a darnos besos, lo que muy contenta enseguida aceptó, pero antes le dijo al que quedaba que le tenía que quitar el calzoncillo para estar todos iguales. Se lo quitó, y con más habilidad que conmigo, en cuanto salió, se lo metió en la boca, dándole el primer beso.

Le explicamos como jugaríamos. Los cuatro palos de la baraja serían cuatro zonas de su cuerpo, y el que sacase la carta mas alta, y coincidiese con la suya le daría un beso en la zona en la que el palo le diría. Si era la carta suya más alta, sería ella la que nos daba el beso.

De cintura para arriba por delante era copas, de cintura para arriba por detrás era oros, de cintura para abajo por delante era espadas, y de cintura para abajo y por detrás era bastos.

Empezamos a jugar y gané yo con el caballo de copas. Cogí uno de sus pechos y en vez de un simple beso, le di uno largo, succionando el pedazo de carne que me metí en la boca, produciéndole un chupón.

Seguimos jugando, y cada beso era una rojez que le salía en el cuerpo. Le besamos por todo el cuerpo, no repetíamos la zona que se quedaba roja, por lo que al final no teníamos un hueco donde meter nuestros labios.

Ella también intentaba hacernos algún chupón, pero no lo conseguía.

Le tocó darme un beso en la zona del pene, así que me lo agarró y empezó a masturbarme con la boca y con la mano hasta que llegué.

Todos queríamos sacar solo un palo en la baraja, las espadas para que nos hiciese o le hiciésemos a ella lo mismo. Ella dijo que nos la podía chupar a todos si eramos más suaves en los besos y dejábamos de hacerle chupones.

Nos la estuvo chupando a todos. Cuando al fin le salió que uno de nosotros le masturbase a ella, se puso muy contenta sentándose encima de la mesa. Era muy escandalosa, en cuanto metió mi amigo la cabeza entre sus piernas se puso a chillar, lo que le hizo parar, pero ella con su maro le metió más la cabeza para que continuase.

¡Cómo gozaba! Todos quisimos meter nuestras cabezas e ir masturbándola, a la vez que acariciábamos sus pechos a los besábamos. No se los orgasmos que pudo tener pero cuando acabamos todos ella estaba agotada. Su cuerpo sudaba, tenía empapado el pelo y le bajaban gotas de sudor por la cara.

Después de descansar un rato y seguir bebiendo, le propusimos que el que sacaría la carta más alta, haría el amor con ella, a lo que accedió.

No solamente fue uno, sino que fuimos todos los que nos subimos encima de ella.

Cuando acabamos ella nos dijo que quería tener a todos alrededor de ella, éramos siete por lo que empezamos a colocarnos.

El primero se puso de pie delante de ella introduciendo su pene por la vagina, otro se puso detrás de ella y se lo introdujo por el ano. Dos de nosotros se pusieron uno a cada lado de ella agarrándoles con sus manos sendos penes. Yo me subí encima de la mesa y le introduje mi pene en su boca. Los dos que quedaban, se hicieron un hueco y metieron sus cabezas, enganchándose cada uno a un pezón. Así estuvimos un buen rato, le veía a ella gozar, se le iba la vista y a ratos pensaba que estaba dormida. Hasta que se quedó de pie dormida entre nosotros.

La llevamos a la cama, y allí continuamos nuestra orgía, ella tumbada, despertándose de vez en cuando.

Fui metiendo mis dedos dentro de su vagina, a la par que otro amigo hacía lo mismo por su culo. Como estaba medio dormida, relajada o anestesiada por el alcohol, metí mi mano hasta la muñeca. Lo tenia muy dilatado después de toda la fiesta. Una vez dentro cerré el puño y fui sacándolo poco a poco. El gesto de su cara, que hasta ahora era una sonrisa de satisfacción permanente, cambió a un pequeño

3 comentarios el “Lucio; la gran fiesta

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