Petra: el masaje

Nunca hasta ahora, había salido de mi boca nada relacionado con este episodio de mi vida. Cuando estaba ocurriendo no quería que acabase nunca, pero una vez que finalizó, deseé no haberlo hecho nunca.

Todo paso un verano que me fui a vivir con mi hermana y su marido, para estar tranquila, poder estudiar y trabajar para sacar algo de dinero para el resto del año.

Mi hermana desde el principio, no se cortaba un pelo poniéndose desnuda delante de los dos, entrando en mi habitación cuando me estaba cambiando de ropa o en el baño cuando me estaba duchando, dejando la puerta abierta para que mi cuñado pudiera mirarme de reojo. También se insinuaba constantemente a su marido como una hembra alfa que sabe que le domina y marca su territorio. Una de las veces que estábamos por la noche en el salón después de cenar, mi cuñado se sentó en el sofá solamente con unos calzoncillos anchos, ya que hacia mucho calor, y mi hermana se presentó solamente con una camiseta corta y unas braguitas, echándose encima, empezando a jugar con él.

Enseguida se le empezó a levantar un bulto en los calzoncillos, dejándosele ver algo de carne por un costado. Sin darme cuenta, me estaba fijando en ellos y sobre todo en su entrepierna, excitándome. Me puse nerviosa y no pude más que decirles que tenía sueño, dejándoles solos y me fui a mi cuarto. Cuando salía del baño, pude verles por el reflejo de un espejo que tenían en el salón, mi hermana estaba sentada, desnuda encima de él, y mi cuñado tenia la cabeza entre los pechos de mi hermana, me entró reparo el verles, sentía entre vergüenza y miedo a que me pudieran ver, y me fui rápidamente a la cama.

No se me quitaba la imagen de la cabeza y metí mi mano entre mis piernas y las apreté con fuerza, buscando el roce entre ellas. Me imaginaba lo que estarían haciendo. Me imaginaba asomándome a la puerta y espiarles. Me imaginaba también que había sido valiente y me había quedado en el salón con ellos, empezaban a desnudarse y practicaban el sexo sin ningún tapujo delante mío, incluso me imaginaba que yo participaba un trío con ellos, me costó poco llegar al orgasmo. No me lo podía creer, era la primera vez que me masturbaba, y encima había sido pensando en mi hermana con su marido, sentí vergüenza de mi misma.

Mis experiencias sexuales a mis 24 años habían sido muy pocas, debido sobre todo a mis perjuicios, deje de ser virgen con 16 años, pero fue tan doloroso, que le tenía miedo, y las demás veces que me he enrollado con alguien, solamente hemos hecho unos simples magreos. Así que esa vez fue la primera que sentí un orgasmo en mi cuerpo, y aunque no muy habitualmente, si que lo repetí posteriormente.

Una tarde que volvía cansada, por el trabajo y el calor, estaba mi cuñado solo en casa, le comenté que no tenia ganas de ponerme a estudiar, ya que tenía los hombros y la espalda cargadísimos, y él amablemente se ofreció a darme un masaje en los hombros. Me senté en una silla, pasando la camiseta que llevaba por encima de mi cabeza, sin quitármela de los brazos para cubrirme el sujetador que llevaba puesto, dejando mis hombros al descubierto. Empezó a sobarme el cuello y los hombros, encontraba fácilmente los puntos donde apretar para descargar mi tensión. La fama que le había puesto mi hermana de buenas manos para los masajes era totalmente merecida.

Después de un buen rato, en el cual, yo me encontraba muy relajada, se lamentó de no tener una camilla para darme un masaje por toda la espalda. Tonta de mi, le comente que la cama de mi habitación, al ser cama nido, estaba mas levantada, y él no se tendría que agachar para darme el masaje.

Así que fuimos a mi habitación, me quedé con el sujetador y los leggins que llevaba puestas, y me tumbé boca abajo. Él sin decir nada, me desabrochó el sujetador y empezó a masajearme la espalda. Empezó a sobarme con toda la palma de la mano, de la columna hacia los costados, cada vez presionando más. Luego pasaba los dedos como si estuviera tocando el piano encima de mí presionando más, donde más me dolía.

Me preguntó que parte del cuerpo me dolía más, yo le dije que todo el conjunto, desde los hombros hasta los pies. Le comenté que se me cargaban mucho las pantorrillas de los pies, y que había veces que me empezaba un dolor punzante al final de la espalda, pasaba por mi culo, mi pierna y me llegaba hasta el dedo gordo del pie.

Me comento si quería que siguiese el masaje por las piernas, a lo que no supe que contestar. Ante mi silencio, empezó a bajarme los leggins, como estaban tan ajustadas, junto a ellos, se deslizaban mis bragas. Paro un poco, pero como seguía en silencio, terminó de sacarme las dos prendas, con un poco de ayuda de mi subconsciente, que levantaba un poco los glúteos y las rodillas. Así, me quedé totalmente desnuda delante de mi cuñado.

Continuó con un masaje suave, notaba como sus manos se deslizaban por mi cuerpo. Siempre tenia una mano suya en mi cuerpo, no levantaba una mano sin que la otra se hubiera posado a continuación. Empezó de los hombros hacia las manos, luego continuaba por mi espalda, pasaba por mis glúteos, mis piernas y mis pies.

Cuando pasaba por mis glúteos y mis muslos, notaba como cada vez mas sus dedos se acercaban al interior de ellos.

Estaba nerviosa, mi cuñado me estaba tocando el culo, y cada vez notaba que sus masajes pasaban más a ser caricias. Aún así, sumisa de mí, cuando con voz firme, me dijo “date la vuelta”, me la di y dejé todo mi cuerpo a su vista.

Empezó por la cara, pasaba sus dedos con suavidad por todo mi rostro. Luego continuó, por el cuello y los hombros, bajando por cada brazo y acabando con estiramientos en cada dedo. Estuvo bastante rato sobándome alrededor de los pechos, sin tocarlos, hasta que los círculos que daba alrededor de ellos, se fueron estrechando y subiendo como una escalera de caracol hacia mis pezones que los agarró con la punta de sus dedos, esos movimientos los repitió dos o tres veces en los dos pechos. Luego bajó por el estomago hacia la ingle, ningún centímetro de mi cuerpo dejaba de ser tocado por sus manos, enredaba sus dedos en mi bello púbico, me sobaba las caderas y los muslos, y yo me estremecía, cada vez que sus manos rozaban mis labios vaginales. Estaba húmeda y tenía miedo que en algún roce suyo, sus dedos quedaran mojados. Continuó hacia las rodillas y los pies, yo poco a poco iba abriendo más mis piernas debido a los movimientos que él me daba.

Le mire a la cara, y vi como miraba con deseo mi cuerpo desnudo. Cerré los ojos como una niña pequeña para esconderme y ocultar mi cuerpo ante su vista. Un calor recorrió todo mi cuerpo, me daba vergüenza que me viese así, pero no sabía que quería más, si vestirme y mandarle fuera de la habitación o que continuase con sus manos sobre mi cuerpo desnudo.

No me di cuenta cuando se había subido a la cama, ni cuando se había puesto a mis pies, solo sentí que su cabeza se hundía entre mis piernas y empezada a acariciar con su boca toda la zona alrededor de mi clítoris, hasta que ya se centró con su lengua en él.

Permanecí en todo momento con los ojos cerradas y los brazos extendidos ofreciéndole sumisa mi cuerpo, cerré los puños y me puse más tensa, debido al placer que me estaba dando, intentando impedir el orgasmo que estaba a punto de sucederme. Pero era inevitable y ya no había marcha atrás. Al intentar retener el orgasmo, éste, todavía fue más explosivo y solté toda mi energía acumulada en una contracción de mi cuerpo, apretando las piernas fuertemente para protegerme, pero dejando su cabeza dentro de ellas que seguía con su lengua en mi clítoris. Fue un orgasmo muy largo, el que había tenido días atrás fue frenado porque me paré de frotarme en cuanto llegué, pero en este, ahí seguía él dándome, hasta que el placer se convirtió en dolor y tuve que sacarle la cabeza de entre mis piernas.

Sin abrir los ojos, volví a quedarme boca arriba,con los brazos entendidos sobre la cama, las rodillas dobladas y las piernas abiertas, esperando lo que sabía que él iba a buscar.

Mi hermana, bromeando, muchas veces cuando él arreglaba algo y le decíamos que tenia buenas manos, ironizaba y decía que tenia bueno las manos, la boca y lo que no era ni manos ni boca. Por ahora las manos y la boca ya las habían probado y las manejaba realmente bien, así que ahora me tocaba comprobar lo que no era las manos ni la boca.

Noté como se iba subiendo encima de mí y con su mano dirigía su pene hacia la entrada de mi vagina. Poco a poco la punta de su pene fue entrando dentro de mí. Empezó a moverse, besando mis pechos, mi cuello, pero sin llegar nunca a mi boca. Yo permanecía inmóvil en la posición que me había quedado, sin darle ninguna caricia, estaba sumisa a él, dejandole hacer lo que quisiera en mí.

Notaba como su pene entraba y salía, como rozaba mis paredes. Sentía un placer distinto, empecé a notar como pequeñas descargas dentro de mí, eran como diminutos orgasmos cada vez que entraba y salía. Sentía un cosquilleo como si tuviera ganas de hacer pis, que se fue incrementando y empezaba a ser molesto ya que creía que realmente me iba a mear mientras estábamos haciéndolo, por lo que apretaba mi vagina y con ello aumentaban mis pequeños orgasmos. Pensé en mi hermana, podía venir en cualquier momento y pillarnos a los dos desnudos en la cama, sabía que no estaba haciendo bien y que la estaba defraudando, pero no podía parar y tuve otro orgasmo que me salió de dentro, no tan explosivo como el que había tenido cuando me chupaba el clítoris pero más placentero. Entonces fue cuando le toqué y puse mis manos en sus glúteos presionándole contra mí para sentirlo todavía más dentro de mí. Noté como él también se temblaba y paraba de moverse. Me sentía sudada y empapada por fuera y por dentro. Él se fue sin decir nada y yo me quedé tumbada en la cama sin fuerzas para moverme y notando como todos los fluidos que se habían mezclado en mi interior iban saliendo y escurriendo a través de mi vagina.

Por fin me pude levantar y fui a ducharme. Cuando volví a la habitación, un olor a sudor y a sexo seguía en el ambiente. En la colcha de la cama había un gran manchón húmedo por los mezcla de flujos que habían salido de mi vagina, y el bolso que le había dejado a mi hermana por la mañana estaba en la silla de la habitación.

Mi cuñado había salido y mi hermana estaba merendando en silencio en la cocina. Yo no me atreví a decirle nada, y ella tampoco a preguntarme, por evitar confirmar lo que su imaginación le decía a gritos.

Los días siguientes mi hermana ya no actuaba igual, iba más vestida por casa, no entraba de improviso ni en la habitación ni en el baño y no se arrimaba a su marido en busca de caricias.

Hace poco se han separado y no se si yo habré tenido algo que ver con su ruptura, lo cual me entristece.

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