Intercambio de parejas

La historia que nos había contado Germán me sorprendió, sentía envidia. Yo, había estado con las tres en mi despedida de soltero, y ya entonces pensé la suerte que tenía Germán de estar con Lorena, así que ahora que sabía que podía estar con Lorena, con Marian, y sobre todo con Mayra, le envidiaba.

Bea estaba sentada junto a mí. Se giró y comenzó a besarme. Las ropas estorbaban a nuestras caricias. Estábamos los dos con el torso desnudo. Miré a nuestra pareja de invitados, Estaban igual que nosotros, absortos en sus caricias, Lorena se había quitado el vestido y estaba solo con un fino tanga. Volvía a contemplar el hermoso cuerpo desnudo de Lorena.

Nos mirábamos de reojo entre los cuatro. Me levanté, me acerqué a Lorena, y tendiéndole la mano le invité a que saliera de los brazos de Germán. Ella le miró, le sonrió, y se vino conmigo.

Estaba tan nervioso como la primera vez, volvía a tener la oportunidad de estar con Lorena, recordaba con mucho agrado el polvo que echamos en mi despedida. La tumbé en el sofá en el que antes había estado con Bea y me puse a comer esos pechos que tanto me atraían.

Me acordé de Bea, la busqué con la mirada y pude comprobar que estaba pasándoselo igual de bien con Germán. Estaban haciendo un 69 en el suelo. Bea me miraba con los huevos de Germán en su boca, mientras sonreía pícaramente. Estuve intercambiando sonrisa y miradas con ella, era la primera vez que la veía follando con otro hombre, no me importaba, me vino al pensamiento su despedida de soltera, la veía disfrutar y pensé lo bien que lo tuvo que pasar con nuestros amigos.

Los cuatro nos buscábamos con las miradas, así que Lorena se puso con sus rodillas y sus manos apoyadas en el suelo, mostrándome su perspectiva trasera. Ante tal invitación sucumbí. Bueno, llevaba sucumbido a sus encantos desde la primera vez que la vi desnuda en mi despedida de soltero.

Bea la imitó, y se pusieron una enfrente de otra, y nosotros por detrás. Yo miraba a Bea, Bea me miraba. Germán tenía sus ojos clavados en Lorena, y Lorena en Germán. La línea de nuestros ojos trazaban una X imaginaría.

Bea cambió la cara, puso esos ojitos que tantas veces le había visto poner, sabiendo lo que iba a pasar, llegó al orgasmo.

Tantas veces había participado en esos orgasmos y ahora era un espectador de su clímax. A la vez era actor principal en el orgasmo de Lorena.

Acabamos contentos con nuestra nueva experiencia, y deseosos de volver a repetirla.

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