Mayra; experiencia equivocada

Mi historia no es precisamente un episodio de mi vida del que me sienta orgullosa, pero voy a decidirme a ser sincera con vosotros.

            Toda empezó cuando conocí a Ágata, una mujer mayor que yo, feminista reconocida, abiertamente lesbiana y enemiga declarada de los hombres.

            Lo tomé como una diversión, me gustaba estar con ella, cómo hablaba y el entusiasmo que ponía al declarar sus ideales.

            Primero me enamoré de ella intelectualmente, y eso me llevo a compartir cama con ella.

            La verdad es que no me dio opción, sin darme cuenta, una noche me encontré en sus brazos, con su dialéctica envolvedora.

            Me encontraba de espaldas, con mis manos levantadas y apoyadas en la pared, y mi cuerpo totalmente desnudo. Ella empezó a susurrarme al oído, besándome por el cuello, y bajando con su lengua despacio por mi espalda, hasta llegar a la ranura de mi trasero. Notaba como su lengua iba abriendo los dos mofletes de mi culo hasta bajar a la entrepierna. Luego metió la cabeza entre mis piernas y se puso de frente a mí, besándome el clítoris. No había sentido tanto placer en mi vida, fue una explosión de hormonas que invadieron todo mi cuerpo.

            Después de esa vez vinieron más veces, y me presentó a más amigas con las que tenía orgías habitualmente.

            Esas orgías eran todo sexo, era practicar el sexo por el sexo, entre todas nosotras, daba igual con quien. Yo era más bien pasiva, me dejaba hacer, dejaba que me mordiesen las tetas y si me acercaban unas, también las besaba. Dejaba que se pusiesen los consoladores y me diesen como si ellas fuesen los hombres. Me dejaba frotar vagina con vagina hasta que llegábamos, y acabábamos todas rendidas a altas horas de la madrugada y cubiertas de sudor.

            Prácticamente vivía en su casa, solía ir vestida sólo con un vestido corto y sin ropa interior. Una mañana estaba preparando unos macarrones para comer, cuando se me cayeron al suelo algunos, me arrodillé para recogerlos, y cuando estaba en ello note un fuerte golpe en mi espalda y que algo pesado se me echaba encima, era luky, el perro de Ágata. Me quedé tumbada boca abajo en la cocina con el perro sujetándome la espalda, y con su boca apretándome, sin llegar a morder mi cuello. Noté como una cosa alargada se introducía en mi vagina y cómo el perro empezaba a moverse encima de mí. Me quedé paralizada, aterrada, no podía ni gritar, y encima estaba sola en casa. Su aparato se fue hinchando dentro de mí, yo pensaba que me iba a reventar por dentro. No sé el tiempo que pase así, era su presa, me estaba violando el perro, y yo estaba paralizada del miedo.

Por fin llego Ágata, que al principio se rió, pero al verme tan apurada se lo tomó en serio, y empezó a tranquilizarme a mí y a Luky, dándonos a los dos suaves caricia. Me  dijo que hasta que no se le bajase el hinchazón a Luky, era mejor que me quedase inmóvil. Así lo hice y cuando él quiso se salió solo. Ya no volví a quedarme a solas con él.

            Ahora entendía mejor cuando ella decía que prefería cuidar a un perro que a un hombre, ya que el perro le era mucho más fiel.

            Al poco tiempo de este suceso, me dijo que teníamos que buscar un sumiso para nuestras diversiones. Me pidió que me ligara a un chico, y luego lo trajera a nuestras fiestas. Así que fuimos esa noche de un local a otro, pero no le gustó ningún chico para hacerlo. Ella buscaba a alguien de determinadas cualidades para hacerle sumiso. La siguiente noche sí que encontró a un chico. Físicamente estaba bien, pero era algo apagado y poco decidido. Por lo que me fue fácil ligármelo, y convencerlo para llevarlo a la fiesta.

            Cuando llegamos nos estaban esperando, enseguida fueron despojándose de sus ropas, dejando sus pechos al aire. Mi acompañante estaba alucinando, seguro que ligaba poco, y para una noche que liga, tenía a tanta mujer semidesnuda alrededor suya. Me lo quitaron de las manos y fueron desnudándole. Él se dejaba hacer. Le fueron tumbando boca arriba en el suelo, ataron sus manos y sus pies a unas argollas que había en el suelo, él sonreía con el pene todo tieso apuntando al techo, quizás pensando en un edén del cual él era el protagonista.

            Fue Ágata la primera que se subió encima de él. Estaba desnuda y se puso en cuclillas sobre su cabeza, él estiro el cuello para llegar a su coño. Cuando tenía la boca abierta y la lengua sacada para chupárselo, Ágata se meó en su boca. Fue una meada larga, para él todavía más, ya que debido al líquido en su boca, no podía respirar y le daban arcadas. Después de Ágata, empezaron todas las demás, se mearon y se cagaron por todo su cuerpo, aquella habitación olía fatal. Su pene había cambiado de tamaño, y se escondía entre sus piernas. No podía reconocer a aquellas con las que tanto había disfrutado, aquellas que me habían enseñado el verdadero significado de la palabra orgasmo, ahora parecían bestias mofándose del pobre chaval, vejándole y humillándole, y era yo la que le había traído hasta allí.

            Me sentía extraña, apartada en un lugar de la habitación, no dando crédito a lo que veía, le arrastraron atado por toda la habitación, esparciendo todas las heces por ella.

            Lo inclinaron y le obligaron a ponerse de rodillas le introdujeron un edema que enseguida hizo efecto.

Ágata cogió una manguera, y comenzó a manguear a todos con ella, limpiando sus cuerpos y el suelo de los pis y las heces que había.

Ágata, llevando siempre la iniciativa, repartió consoladores a todas, algunas se lo ataron a la altura de la ingle y fueron dándole al chico por el culo. Otras, se lo introducían al pobre chaval con la mano.

            Pensaba que ya lo iban a dejar, pero Ágata todavía tenía preparada la guinda a la humillación. Ágata llamó a su perro Luky, dirigiéndole al culo del desafortunado. No hizo falta decirle mucho se subió encima de el, arañándole la espalda, agarrándole con su boca por el cuello, e introduciéndole su pene alargado por el culo. Me entró un escalofrío por todo el cuerpo, volví a sentir pánico recordando mi experiencia con Luky. Cuando Ágata vio que su querido luky la tenia mas hinchada, cambio la orden y le mando bajarse, riñéndole y pegándole para que se separase, el perro se dio la vuelta he intento huir llevándose a rastras al chico, ya que no podía sacarla Uno chillaba de dolor y el otro ladraba, hasta que por fin se pudieron separar. El culo de él estaba ensangrentado.

            Ya no pude más, lo cogí y me lo lleve de allí. Lo llevé a mi casa y allí lo lavé, y lo curé. Él no dijo ni una palabra, estaba ido, todavía no asumía lo que le había pasado.

            Le dejé descansar un rato en mi cama, yo me quede en el salón pensando, avergonzada de lo que había visto. Al cabo de un rato él se levantó, cogió sus cosas y sin decir nada se marchó.

            No volví a saber nada de él, tampoco de Ágata y sus amigas.

 

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