Deseo

La historia de Mayra me sorprendió. Sentí lastima por ella, sin decir nada, me acerqué y la abracé.

Mayra fue la única en la despedida con la que no llegué a hacer el amor. Me inspiraba tanto que pasé la noche pintándola, sin llegar a poseerla.

Tenía ganas de volver a ver su cuerpo desnudo, de sentir su piel junto a mi piel y de perderme entre sus brazos.

La besé, me quede hipnotizado, con mis labios pegados a los suyos. Mis manos fueron despojándola de sus ropas. Las mías cayeron al mismo tiempo.

Los dos estábamos desnudos, abrazados, me acordé de y la busqué en el salón. Ni Bea ni Marian estaban, se habían ido las dos y nos habían dejado solos.

Nuestros cuerpos fueron cayendo al suelo.

Tumbados en el suelo, abrazados, besándonos, mis instintos primarios de reproducción fueron buscando su hueco. Por fin estaba dentro de ella. El tiempo se paró. Abrazados, moviéndome despacio entre sus piernas, no pensaba en nada, solo sentía, sentía esa boca húmeda junto a la mía, su lengua unida a la mía, sus pechos aplastados junto a mi pecho, sus brazos rompiéndome las costillas, sus piernas abrazando las mías, y mi pene dentro de su húmeda y cálida vagina.

Cuando llegué dentro de ella, permanecimos inmóviles los dos, abrazados, su cuerpo soportando al mío.

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