Jaime; mi hermano gemelo

Tengo la fortuna de tener un hermano gemelo, con el cual me llevo muy bien. Lo compartimos todo, y cuando digo todo, me refiero a todo. Nos dejamos todo, incluso la moto y la novia.

Desde pequeños nos divertíamos intentando engañar a nuestros padres con nuestra identidad, nuestro padre se volvía loco, pero a nuestra madre no conseguíamos engañar.

Cuando ya hemos sido mayores, nos hemos valido de ese juego para suplantar nuestras identidades.

Nos gusta jugar con nuestras novias, a cambiarnos sin que ellas lo sepan. Me acuerdo de una, con la que pasamos la noche los dos, pensando ella que éramos uno sólo. Fue un rollo de un par de noches de mi hermano. La primera noche se enrollaron ellos, y quedaron en nuestra casa para la segunda noche. El primero que estuvo con ella fui yo, cuando acabé, salí a tirar el preservativo y a lavarme, y entró mi hermano. Aproveché para recuperarme, y cuando salió el, volví a entrar yo. No le dimos descanso, no me acuerdo de las veces que entramos y salimos, pero si nosotros acabamos agotados, ella acabó el doble de agotada. No cabía en su asombro, cada vez que nos veía entrar con la polla nuevamente tiesa, dispuestos a perforarla de nuevo los ojos se le hacían agua.

Casi siempre suelen ser ligues de dos o tres noches, en la que la probamos los dos, pasamos unos ratos divertidos y luego, si te he visto no me acuerdo.

Hay veces que la cosa se pone más seria y no sabemos como cortar; entonces la sorprendemos haciendo un trío, que muchas de ellas enseguida rechazan y así rompemos, pero más de una nos ha sorprendido aceptando.

Normalmente está uno metiendo mano a ella, y el otro entra y, sin decir nada, se pone también a darle caricias. Cuando se dan cuenta unas siguen sin más y luego les entra el remordimiento, y otras se van indignadas, consiguiendo nosotros nuestro objetivo.

Con nuestra actual pareja, Débora hicimos lo mismo. Cuando yo vi que me estaba enamorando peligrosamente de ella, y antes de que fuese a más, le preparamos el trío pensando que no iba a aceptar. Pero cual fue mi sorpresa, que aceptó. Y no solo eso, sino que fue uno de los mejores polvos que había echado hasta entonces. Así que repetimos, repetimos… y todavía seguimos los tres, felizmente unidos.

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