Débora; tres no son multitud

Nunca pensé que mi relación con Jaime fuese a acabar en un triangulo con su hermano.

            La primera vez que Yago se metió en nuestra relación, fue en  su casa, estábamos Jaime y yo viendo una peli  en su habitación, tumbados en la cama, cuando entró Yago y se acomodó en la cama de abajo.

            Ellos son hermanos gemelos y duermen en la misma habitación.

            La película era un poco aburrida, así que Jaime empezó a acariciarme. Yo estaba un poco incomoda, ya que veía como su hermano no paraba de echarnos miraditas. Mientras Jaime me levantaba la falda dejando mi braga al descubierto, yo me tapaba  puritanamente.

            Por más que procuraba volverme a colocar las ropas, acabé con todas fuera de lugar. Ya no sabía si subirme el escote o bajarme la falda. Me rendí, y acabé prácticamente desnuda encima la cama. Mi vestido era un fajín alrededor de mi cintura. Los besos de Jaime, hicieron que me olvidara de que Yago estaba en la habitación al lado nuestro. Estaba con los ojos cerrados, saboreando su boca. Con una mano me acariciaba los pechos y la otra mano acariciaba  mis muslos. Mi cabeza estaba apoyada en su brazo y cuando noté su mano jugando con mi pelo, me di cuenta que ahí había demasiadas manos.

Abrí los ojos sorprendida y vi que el dueño de la mano en mi muslo era Yago, me asusté, no sabía si Jaime sabía que Yago estaba metiendo su mano entre mis piernas.

Jaime me miró y me guiñó el ojo. Lo sabía perfectamente.

Aún me sorprendí más cuando Yago deslizó su mano por debajo de mi braga y colocó sus dedos en mi raja. Viendo que a Jaime le daba igual, a mí también me lo dio, y abrí una poco más las piernas para que pudiese meter los dedos mejor.

            Era la primera vez que estaba con dos hombres. Hay gente que tiene la fantasía de hacer un trío, pero a mí nunca se me había ocurrido. Lo había oído, y había hablado alguna vez con las amigas de esa posibilidad, pero nunca había fantaseado con la idea.

Me encontré con la posibilidad de hacer un trío con ellos, así que cambié los roles y tomé las riendas, saliendo de debajo de Jaime y dejando nuestros cuerpos totalmente desnudos. Eran como dos gotas de agua, sus penes eran iguales. Los cogí, y comencé a metérmelos en la boca, intercambiaba sus puntas. Me quedé solo con la de Yago, mientras Jaime fue a penetrarme por detrás. Sus golpes sobre mi culo, hacían que me penetrase mas la poya de Yago. Les miraba y les veía contentos y compenetrados. Ahora me tocaba a mí que me hiciesen, así que me tumbe y fue Yago el que se reclinó entre mis piernas, o tal vez era Jaime, ya que llevaba poco tiempo saliendo con él y así desnudos, los distinguía aún menos. El caso es que uno me estaba comiendo el coño mientras el otro me comía la boca y los dos me acariciaban los pechos.

            Esa tarde acabé haciéndolo con los dos, siendo penetrada por los dos a la vez. Siendo la primera vez que hacia muchas cosas nuevas y el comienzo de mí vicio por el sexo.

            Ahora ya les reconozco bien, hemos hecho alguna vez el juego de estar yo tumbada desnuda encima de la cama y subirse uno de ellos encima de mí para hacerlo y saber yo de cual se trata. El solo roce de la piel, la presión en sus caricias, la fuerza con que besan, la forma que tiene el orgasmo, si te paras a pensarlas son formas diferentes de hacerme el amor. El roce de su pene dentro de mi también es distinto ya que Yago tiene el pene torcido hacia la izquierda y Jaime lo tiene hacia la derecha, por lo que con Yago siento más presión en mi lado derecho y con Jaime en mi lado izquierdo.

            Me gusta dormir en medio de ellos, y despertarme notando sus besos, agarrar sus penes a mis lados y bajarles la primera hinchazón de la mañana, para luego poder hacerlo con ellos a gusto.

Me gusta estar los tres de rodillas encima de la cama, que intercambien sus besos en mi pecho y en mi boca, que con sus manos me acaricien las nalgas y yo con mis manos su entrepierna.

            Me gusta tumbarme y sentir sus besos y su manos por todo el cuerpo, mientras que uno se dedique a la zona baja, otro me este besando en las alturas.

            Me gusta sentarme de espaladas encima de uno y esperar al otro con los brazos y las piernas abiertas.

            Bueno, por gustarme, me gusta todo el sexo que practicamos los tres juntos, y cuando lo hago con uno solo, echo en falta las caricias del otro.

Estoy viciada al sexo, viciada a ellos.

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