Yago; el beso

Yo me voy a remontar unos cuantos años atrás, para contaros mi relato de entonces. Cuando mi hermano Jaime y yo cumplimos los 18 años. Decidimos celebrarlo yéndonos los dos solos todo el verano a la costa, sin un rumbo fijo y con poco dinero.

 

La cosa iba bien hasta que se nos gastó el dinero y ya no teníamos un sitio donde dormir.

Entonces decidimos conseguir el dinero de la forma más fácil, sin tener que trabajar, robándolo.

Las víctimas eran chicas jóvenes preferiblemente extranjeras, que venían de vacaciones. Lo tomábamos como un juego, uno la entretenía enrollándose con ella mientras el otro aprovechaba para robarle el bolso.

La excusa que nos poníamos para hacer esto era, que total ese dinero iba a gastarse de igual forma en diversión, por lo que para que otros se diviertan con él, nos lo gastábamos nosotros.

No parábamos mucho en un sitio, ni robábamos dos veces en el mismo lugar.

Generalmente era en discotecas. Nos íbamos a un lugar recogido y allí empezaban nuestras caricias intentando hacerle olvidar el bolso.

Si quería bailar, bailábamos. Si quería besos, nos besábamos. Si quería caricias íntimas, llevaba mis manos por el interior de su cuerpo. Y si aún quería algo mas, nos íbamos al baño y allí me convertía en el más salvaje amante latino que podría encontrar.

Más de una caricia ha acabado encontrando en algún bolsillo camuflado internamente, ya sea en el pantalón, falda o braga, los ahorros que las pobres infelices llevaban para todas sus vacaciones.

Una vez conseguido el objetivo, nos hacíamos una seña, y caballerosamente, le pedíamos disculpas para ir al baño o a por una bebida y ya no la volvíamos a ver.

La mayoría de los casos los recuerdo monótonos y aburridos pero hay alguno que recuerdo de manera especial,  ya sea por demasiado bueno o también por demasiado malo.

Me acuerdo de una de ellas, una chica muy decidida, con la cual enseguida estábamos metiéndonos mano, sentados en unas cómodas butacas. Pero ella quería aun más y me llevó hasta al cuarto de baño de las chicas, en el cual nos encerramos. Llevó toda la iniciativa ella, me desabrochó la camisa, y la echó para atrás sin sacarme los brazos de ella, impidiéndome cualquier movimiento con ellas. Recuerdo el olor a suciedad y pis que había en el ambiente. Me bajó el pantalón y el calzoncillo hasta las rodillas. Ella no sé si llevaba bragas, a se las echó a un lado, pero yo no vi que se las quitase. Empujo mi espalda contra la pared, levantó ella una pierna y la apoyó en el wáter, prácticamente me violó. Ella era la que se movía a su antojo, se la sacaba y se la volvía a meter con bastante maestría, me acariciaba, me arañaba, me mordía y me besaba cuando ella quería y una vez que acabó, me dejo vistiéndome y con cierto aire altivo, se colocó un poco el vestido y  se fue sin decirme nada, abriendo la puerta y viéndome toda la fila de chicas que había esperando, cómo me subía los pantalones. Afortunadamente le había dejado el bolso a  mi hermano para que se lo cuidase  y ya nunca más supo de él.

Recuerdo otro caso en el que estuvimos sentados en un rincón de un bar. Empezó desde el principio, metiéndome la lengua hasta dentro de mi boca, no dejándome casi respirar, tenía que hacer verdaderos esfuerzos con mi lengua para sacar la suya de mi boca, y cuando conseguía introducir mi lengua en su boca, me respondía mordiéndomela, continuando luego por mis labios, ese día acabe con los morros todo rojos e hinchados. Metí mis manos por sus pechos y se los note firmes y redondos, los pezones estaban en el centro de las tetas. No he tocado nunca unos pechos tan perfectos, pero al bajar a la entrepierna, me encontré con un sospechoso bulto, que me hizo separarme de él y, como un resorte, ponerme de pie y escapar de allí a toda prisa sin tener en cuenta donde estaba mi hermano, que se tuvo que ir sin conseguir nada casi a punto de que le pillasen.

 Pero el caso que más recuerdo fue el de una chica, morena de pelo rizado, preciosa, con unos ojos llenos de vida.

Recuerdo estar bailando una canción lenta, cuando nuestros labios fueron poco a poco acercándose hasta juntarse. Nos quedamos inmóviles, con nuestros cuerpos juntos, aislados del bullicio de nuestro alrededor.

Notaba sus dos pechos apoyados en mi pecho, mis brazos rodeaban su cintura, y mis manos se apoyaban ligeramente en el principio de sus nalgas. Mi ligero bulto de la entrepierna, presionaba su monte de Venus, mientras sus manos abrazaban mi cuello, y nuestras bocas permanecían unidas.

No sé el tiempo que pasamos inmóviles, alimentándome de su aliento, sin despegar mis labios de los suyos. Pero todo tiene un final, y una inoportuna amiga se acercó para recordarle la hora y así separar nuestro éxtasis.

Mi hermano había conseguido su objetivo y me sacó de allí rápidamente ya que yo estaba alelado y me costaba reaccionar.

Una vez en casa, registré el bolso con sumo cuidado, con el fin de conocerla mejor, no le quité nada, solo tomé su dirección y su número de teléfono, guardé todo, lo puse en un paquete y se lo mandé con todo el dinero que llevaba.

Desde entonces he hecho de ella mi amor platónico, imaginándomela como una chica perfecta. Alguna vez la he llamado, sin atreverme a contestar. También he querido ir a verla pero cuanto más pasa el tiempo más miedo me da romper el hechizo y darme cuenta que también ella será humana y tendrá algún defecto.

 

 

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