Rita; amores cruzados I

La vida da muchas vueltas y nunca puedes imaginar donde acabarás, ni con quien.

Hubo una temporada que se juntó a nuestra cuadrilla un grupo de chicos, del cual yo me fijé enseguida en uno, en Marcos. Se le veía que sabía mucho, que había viajado, que conocía a la gente y, además de atractivo, era muy divertido, el alma del grupo. Tenía ese punto de niño malo que tanto nos gusta a las chicas. Así que yo me arrimaba mucho a él para poder ligármelo.

            Marcos, por su parte, se sentía atraído por una amiga mía, Lorena, y siempre que estábamos a solas me preguntaba por ella, intentando conocerla para ganársela mejor. Eso me sabía a cuernos quemados pero, inocente de mi, yo hacía de celestina y así podía estar junto a él.

            Por su parte Lorena pasaba de él, como él pasaba de mí. Una noche que le dio un desplante, y se quedó a solas conmigo, conseguí enrollármelo.

Nos dimos unos besos y unas caricias por encima de la ropa, allí sentados en un rincón de bar. Eran los primeros besos que daba a alguien con amor y estaba loca de emoción.

            Salimos del bar y fuimos a un parque cercano, allí en un banco, en una zona que no estaba iluminada continuamos nuestros morreos y caricias.

            Con mis manos buscaba debajo de su ropa  tocar su cuerpo. Él por su parte se dejaba hacer y solo me besaba. Le cogí la mano y se la metí por debajo de mi jersey para que acariciase más de cerca mis pechos. Eso ya lo animó más y, subiéndome el sujetador para arriba, empezó a sobármelos.

Ya estaba totalmente entregado, me besaba y me acariciaba por debajo de mi ropa. Fue bajando su mano y acabó acariciando mi entrepierna por encima de mi pantalón. Que gusto me dio sentir sus dedos perfilando mis labios vaginales, por encima de la tela. Yo hice  lo mismo y noté un tremendo bulto que acariciaba suavemente por encima de su pantalón. Cuando intentó desabrocharme, para meter la mano, fue cuando le paré y se la subí de nuevo hacia mi pecho para que no siguiera por allí, ya que yo sentía que no estaba preparada y no quería ir tan rápido. Él seguía acariciándome y de vez en cuando lo volvía a intentar, siendo mi respuesta la misma

            Una de las veces me dijo que fuéramos a un lugar más tranquilo para poder continuar mejor, en su casa no había nadie y podíamos estar más cómodos.

            Yo, entre el miedo que tenía por ser la primera vez y que no iba depilada y tenía las piernas  llenas de pelos, le dije que fuésemos más despacio y que la primera noche no quería hacerlo.

            Continuamos comiéndonos a besos un buen rato. Metía mi lengua por toda su boca y dejaba libre la mía para que el hiciese lo mismo,  juntábamos las dos lenguas entrelazándolas entre las dos bocas.

            Se hizo tarde y nos fuimos para casa.

            Pasé toda la semana muy contenta e ilusionada, esperando estar de nuevo con él. Llegó el fin de semana y me preparé bien, esta vez sí estaba bien depilada, me bañé, me perfumé y me puse la ropa interior que más me gustaba pensando que la siguiente vez que me la quitase seria delante de él. Salí dispuesta a entregarme por completo a Marcos.

            Cual fue mi sorpresa, cuando le vi pasó olímpicamente de mí y no me hizo caso en toda la noche. Cuando por fin me habló, hubiera sido mejor que no lo hubiera hecho. Ya que me dijo de todo, que yo no era su tipo de mujer, se metió con mi forma de ser y fue muy grosero conmigo y para rematarla, me dijo que la otra noche mientras me acariciaba estaba pensando en besar a mi amiga Lorena.

            Eso me hundió y me fui a un lugar apartado. Otro chico que conocía, Isidro, se acercó y comenzamos a hablar. Cada vez se arrimaba más a mí agarrándome de la cintura. Al cabo de un rato su mano había bajado más abajo metiéndose en el bolsillo trasero de mi falda vaquera, apoyándola en todo mi culo y permaneciendo allí con total descaro.

            Me dio un poco reparo que me viese la gente tan arrimada a él, así que le dije que nos fuéramos. Cogimos su coche y fuimos a un lugar apartado.

            Según paraba el coche me incliné sobre él y comencé a besarle con rabia buscando en su boca el desahogo que yo necesitaba. Intentaba demostrarme a mi misma que podía estar con un hombre. Por despecho contra el otro me estaba entregando con furia  a los brazos de alguien que no me gustaba en absoluto.

            Continuamos quitándonos la ropa, quedándonos desnudos de cintura para arriba, entonces fue cuando noté los pelos de su pecho que rozaban con mi pezón desnudo. Me quede paralizada por lo que estaba haciendo.

            Me recliné sobre mi asiento, pero ya no se podía parar lo que habíamos comenzado. Isidro seguía muy caliente, se agachó sobre mis pechos y empezó a comerme una de mis tetas, la que más cerca tenía. Sentía bastante placer, me mordisqueaba el pezón con gran habilidad. No sé si mis pechos estaban más sensibles al ser la primera vez que los mordían o es que el realmente sabía hacerlo muy bien, pero la sutileza y el placer que sentí con el no lo he vuelto a experimentar con nadie.

            La otra mano, que hasta ahora estaba jugando con mi otro pecho, empezó a bajar.  Se introdujo sutilmente debajo de mi falda, me separó la braga y comenzó a  acariciándome con suavidad mi entrepierna. Me dio un escalofrió de placer, me estaba gustando todo lo que me hacía, pero no podía continuar. Me quedé helada al pensar que después de tantos preparativos iba a acabar haciéndolo por primera vez, con alguien que no me gustaba nada. Así que le quité la mano y le aparte la cabeza de mi pecho. Isidro al principio se lo tomó a broma y me pidió que le dejara continuar por el otro pecho para que no pasara envidia. Al decirle un no tan rotundo se enfado mucho, alzando la voz. Se bajó los pantalones y me enseño como iba, diciéndome que no lo podía dejar así, me cogió de la muñeca y llevó mi mano hacia su pene para que lo agarrase, haciendo movimientos de arriba abajo. Era la primera vez que veía y tocaba un pene, era muy grande, lo tenía muy tieso y duro. Lo miraba con asombro, sin saber qué hacer, así que cuando me soltó la muñeca, continué bajando y subiendo su pene. Cada vez que el me decía “más, más” yo apretaba más y le daba más rápido de forma mecánica. Isidro a su vez manoseaba  mis pechos con fuerza. Comenzó a dar unas pequeñas convulsiones, con una mano se sujetó el pene para no manchar el coche y con la otra me agarró con fuerza uno de mis pechos, llegué a pensar que me iba a reventar el pecho, haciéndome bastante daño. Se limpió con unos pañuelos y nos vestimos.

Me llevó a mi casa y le di un pequeño beso en los labios pidiéndole que no contara a nadie lo sucedido.

            Estuve llorando arrepentida de lo que había hecho. Me sentía sucia y muy mal. Todavía me dolía el pecho que me había agarrado con fuerza, y tenía la huella de su mano marcada en él.

3 comentarios el “Rita; amores cruzados I

  1. Pingback: Recordando lo ya aprendido III; preparativos | Fantasías en pareja

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