Leticia; porlar

Os voy a hablar de cómo me aficioné  a jugar a juegos picantes con mi grupo de amigos.

Hasta ahora mis amigos y yo solo habíamos jugado a juegos sencillos de adolescentes, como el de la botella el cual consistía en hacer girar la botella y el que giraba la botella tenía que dar un beso al que indicase la boca de la botella.

 Otro juego que hacíamos consistía en ponernos un chico y una chica, hombro con hombro, y se decía; “1, 2, 3, beso”, girar rápido la cabeza, si las caras se miraban o miraban las dos para fuera había beso, si los dos miraban para el mismo lado, no había  beso. Con los chicos que me gustaban siempre les miraba, y si ellos me miraban también, era que probablemente yo les gustaba y luego habría más de un beso.

Los besos que nos dábamos eran rápidos, generalmente cerca de la boca, alguna vez dependiendo quienes eran, si no tenían pareja, les decíamos que se lo diesen en la boca. Otras veces íbamos a partes más eróticas, como el pecho o el trasero, pero siempre dábamos el beso por encima de la ropa. Recuerdo una vez, que nos atrevimos más y mandamos a una de nosotras darle un beso en sus partes a un chico pero por encima del calzoncillo, ya ves tú, ahora que lo recuerdo me parece una tontería, pero entonces me parecía súper excitante ver a un chico en calzoncillos, con el paquete abultado.

            Todo iba a cambiar un fin de semana que fuimos a un albergue y coincidimos con otro grupo de chicos y chicas.

            Cuando llegó la noche empezamos a proponer juegos para animar la velada.  Uno de ellos, fue la manta, se lo hicimos a un chico del otro grupo. El juego consistía en decidir nosotras una prenda que él llevara puesta y si la adivinaba, se la quitaba, nos la daba y acababa el juego. Si no la adivinaba, se la quitaba y seguíamos jugando hasta que la adivinase. A todo esto, él iría cubierto con una manta.

            Él salió de la habitación y una chica nos dijo que la prenda era la manta. Os podéis imaginar que cuando volvió fue diciéndonos prendas y quitándoselas debajo de la manta, ya que no la acertaba, hasta que sólo le quedó la manta, y se la tuvo que quitar. Allí estaba en mitad de la habitación desnudo y sin cortarse un pelo. Para mí era la primera vez que veía un chico desnudo, al igual que creo que para alguna de mis amigas, ya que hasta entonces éramos un poco inocentes. Este episodio creo que fue el que nos desinhibió, ya que después de echarnos unas risas, él, todavía desnudo, propuso otro juego, el juego consistía en porlarnos.

            Como no sabía nadie que era eso de porlar, decidió porlarnos a todos juntos.

            Y ¿en qué consistía porlar?, pues él nos lo iba a explicar poco a poco a todos mientras lo hacíamos. Los del otro grupo, tanto ellas como ellos se animaron rápidamente, así que nosotras no íbamos a ser menos, y aunque un poco más acobardadas también aceptamos.

            Empezó a preparar todo. Nos sentó en circulo en el suelo, con las piernas cruzadas,  chica al lado de chico, como había más chicas, nos sentó de tal forma que siempre tendríamos a un chico al lado, puso una luz de camping gas en el centro y apago las demás luces para estar en penumbra. Puso una música suavecita de relajación para empezar el juego.

            Comenzó hablando suave, con misterio, diciéndonos que para porlarnos era fundamental no sentir  ninguna presión en nuestro cuerpo, dijo algo así como que las ropas no eran de nuestros cuerpos, que encarcelaban nuestro espíritu y no dejaban salir nuestro yo de dentro, que nos quedásemos con  la mínima ropa posible, nos iba diciendo la ropa que quería que nos quitásemos. La gente empezó a desnudarse. Cuando estábamos todos en ropa interior, dijo que la que quisiera que se quitase el sujetador. Yo no lo hice, pero si pude ver a alguna que lo hizo, quedándose con las tetas al aire. Luego pidió que el que quisiera se quitase la última prenda que quedaba, me quedé extrañada al ver algún chico que se quitaba el calzoncillo dejando el pene al aire. Pero más me extrañó ver a alguna amiga mía que también se quedó totalmente desnuda. Yo permanecí con mi braguita y el sujetador.

            A mi derecha tenía a una chica  y a mi izquierda a un chico, no conocía a ninguno de los dos,  miré de reojo la entrepierna del chico, estaba desnudo y totalmente empalmado.

            Continuó con el juego. Siempre con una voz sensual nos indicó que cerrásemos los ojos y nos llevásemos las manos a la cara, y allí empezásemos a acariciarnos nuestra cara, los ojos, la nariz, la boca, las orejas, el cuello muy suavemente. Luego, permaneciendo con los ojos cerrados, que fuésemos bajando con las dos manos hacia el pecho. Le noté que estaba detrás de mí, diciéndome al oído que estuviera tranquila, mientras me soltaba el sujetador y se lo llevaba.

            Nos dijo que fuésemos bajando hacia el estomago, pasásemos a los muslos y allí nos fuésemos acariciando los pies y las piernas.

            Volvimos a acariciarnos  los muslos, y fuimos subiendo hasta la entrepierna, allí nos dijo que nos fuésemos acariciando y relajando para prepararnos para porlar. Estuvimos tanto tiempo acariciándonos, que yo casi llego al orgasmo.

Oí algún gemido, y abriendo los ojos, pude ve que alguno y alguna se estaban masturbando.

            Antes de que llegásemos alguno al orgasmo,  nos dijo que nos íbamos a porlar, pero que en vez de porlarnos nosotros mismos, porlaríamos al que tendríamos al lado.

Para ello, primero tendríamos que conocer su cuerpo, por lo que nos dijo que igual que nos habíamos acariciado a nosotros mismos, fuésemos acariciando al que tuviéramos al lado. Con la mano izquierda debíamos acariciar la parte baja del que teníamos a la izquierda, y a la mano derecha, le tocaba acariciar  la parte de arriba del que teníamos a la derecha, así nos cruzábamos nuestras manos.

Enseguida noté la mano del chico que acariciaba mis pechos, le respondí tímidamente con mi mano acariciando sus muslos. La mano de la chica que tenía al lado, se metió debajo de mi braga, fue muy directa, buscando con su dedo la entrada de mi raja. Lo humedeció y salió en busca del clítoris.  

Respondí a sus caricias, también con caricias, mi mano acariciaba los huevos y el pene del chico, mientras la otra mano pellizcaba los pezones de la chica.

Cuando mejor estaba, sobre todo por las caricias de ella en mi clítoris, nos mandó cambiar. Aproveché para quitarme la braga, y que el chico pudiese acariciar mi zona con total libertad.

Intenté devolverle a ella las caricias que tal hábilmente me había dado,  humedecí mis dedos dentro de su vagina, y fui en busca de su clítoris.

Ella llegó al orgasmo, la excitación del momento hizo que yo también llegase.

El chico que llevaba el juego, nos dijo que ahora que estábamos todos más relajados, tocaba porlarnos. Nos mando abrir los ojos, yo hace tiempo que los tenía abiertos, observando todo lo que pasaba a mi alrededor.  Nos dijo que pusiéramos la mano derecha con el puño cerrado. Os juro que pensé que quería que nos metiésemos el puño. Luego nos dijo que solo sacásemos los dedos índices y corazón, que alivio pensé. Continuó diciéndonos  que llevásemos de nuevo la mano al rostro del que teníamos a la izquierda, concretamente a la frente, e hiciéramos lo mismo que él.

Se puso en el centro, ¡que empalmada llevaba!, el pobre no se había descargado aún.

 Una vez que estábamos todos preparados comenzó a porlar.

Por la señal… y todos nos santiguamos y nos echamos unas risas.

Cuando acabamos vi algunas parejas que se fueron para las habitaciones. Otros se quedaron en el salón, besándose. Yo me puse una braga y una camiseta. Salí  junto con otros a las escaleras de la entrada a fumar un cigarro. No sé porque, pero me senté entre las piernas del chico que había tenido al lado y entre risas, mientras estábamos hablando todos, una vez que le miré hacia arriba me dio un beso en los labios. Cuando se fue a separar le agarré del cuello y le atraje de nuevo hacia mi boca. Su mano se metió debajo de mi camiseta en busca de mis pechos.

No recuerdo su nombre, pero esa noche acabé en la litera con él,  besándonos, acariciándonos, nuestros gemidos se entremezclaban con otros que escuchábamos a nuestro alrededor. Dejando la poca inocencia que me quedaba en la mochila.

 

 

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5 comentarios el “Leticia; porlar

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