recordando lo ya aprendido; parte I, la propuesta

Marcos miraba de reojo el bello trasero de Rita, cuando esta  se agachó para recoger la pelota de la cálida arena de la playa.

Carla y Rita estaban jugando alegremente al vóley playa, mientras Marcos y Néstor observaban desde sus toallas, cómo atraían las miradas lascivas  de los habitantes fortuitos de aquel pequeño territorio de arena, sintiéndosen afortunados de contemplar el juego de las dos diosas en primera fila.

Marcos miraba los pechos de ambas, mientras daban botes dentro del minúsculo bikini y recordaba con agrado que alguna que otra vez, había saboreado esas cuatro tetas.

Otra vez vino la pelota al lado de él. Rita se acercó, y giñándole un ojo, se agachó, mostrándole el ombligo a través de sus duros pechos. Sus ojos no perdieron detalle, se deleitó con la hermosura de sus curvas. Se sintió parte de ellos, subiendo y bajando entre esas bellas montañas.

Néstor se dio cuenta y lejos de irritarse, se sinceró con él y le dijo

─ Con lo provocativa que parece Rita, luego en la cama no disfruta, es muy sosa.  ─ Continuó comentando Néstor ─ no sé como cambiar la situación, y conseguir que disfrute del sexo.

Se hizo el silencio. No le cabía en la cabeza a Marcos, que Rita no disfrutase en la cama. Con lo bien que se lo pasó la noche que hizo un trío con ella.

─ Me  gustaría ver a Rita disfrutar del sexo, ─ Néstor continuó ─  aunque fuera una sola vez. No sé que meter en la relación para animarla.

Marcos pensó en alguna que otra cosa que le podía meter a Rita para animarla, y la principal la tenía entre las piernas, pero prefirió seguir callado. La imagen de su pene dentro de ella, le hizo esgrimir una pequeña sonrisa.

─ La de veces que he intentado comerle el coño a Rita, y no me ha dejado, ─prosiguió Néstor─ así que lo de comerme el pene, ni se lo propongo, es muy clásica, siempre la misma postura, ella abajo y yo arriba.

Marcos estaba sorprendido, tenía confianza con su amigo, pero no pensaba que pudiese sincerarse tanto con él.

Mientras recordaba la imagen de su pene desapareciendo entre los labios de Rita, le propuso quedar una noche a cenar en casa y allí jugar a algún juego en el que Rita a buen seguro iba a disfrutar. De eso se encargaría él.

Néstor deseaba ver disfrutar a su mujer con el sexo, y así el también poder disfrutar. No le importaba la idea de compartirla, o mejor aún hacer un intercambio. Si, esa última idea era mucho más sugerente. Hasta ahora no se había fijado en Carla, pero la miró con otros ojos y se le fue poniendo morcillona  mientras sus ojos seguían hipnotizados con el contoneo de sus tetas.

Dijo si con la cabeza, al ritmo de los botes de los pechos de Carla.

A Marcos le brillaron los ojos cuando Néstor aceptó, mirando el hermoso trasero de Rita y poniéndose disimuladamente bien su pene dentro del bañador, pensó:

─« Tranquilo que dentro de poco vas a volver a estar dentro de ese culito » ─.

Ahí estaban los dos amigos, tumbados en la arena, disimulando sus erecciones mientras miraban a la que no era su pareja y fantaseaban con ella.

Marcos se excitaba pensando en tener a Rita a cuatro patas mientras se la metía por el culo.

Néstor fantaseaba, con tan solo la posibilidad de ver el precioso cuerpo de Carla totalmente desnudo.

Se pusieron a recoger para irse a casa. Carla se había dado cuenta de que Néstor la había estado mirando y aunque no tenía el bañador mojado, decidió cambiarse allí mismo, provocando la  mirada de Néstor y de algún que otro fisgón de alrededor.

Primero se quitó la parte de arriba, la fina brisa y algo de excitación que sentía al exhibirse, hizo que sus pezones reaccionasen.

Néstor la miró sorprendido, era la primera vez que la veía hacer top less.

Se agachó delante de él a coger el vestido de la mochila. Sus pechos le colgaban como dos campanas.

Cómo le hubiera gustado a Néstor sopesar tan bellos frutos.

Se puso lentamente el vestido, se quitó la parte de abajo del bikini y se puso a buscar, con mucha parsimonia, sus bragas dentro de la mochila.

Marcos la observaba, sonreía,  la conocía y sabía a qué estaba jugando.

Néstor buscaba ver su culo agachándose el también, disimulando mientras buscaba nervioso, no sabía el que, dentro de la mochila.

Mantenía la mirada solo unas milésimas de segundo, ya que no se atrevía a clavar sus ojos tan directamente en la desnudez de Carla. Una de las veces, entrevió, debajo de su falda, los labios vaginales totalmente depilados de Carla. Esa imagen se le quedó grabada en la mente como una fotografía.

Carla encontró por fin sus braguitas, se sentó en la toalla,  abriendo lo justo las piernas en dirección a Néstor, para que sólo este pudiera incrustar la mirada entre ellas.  Néstor se puso aún si cabe más nervioso, el bulto de su entrepierna se agrandó  ante la visión perfecta de los dos abultamientos y  la pequeña raja que le mostraba su amiga sin ningún pudor.

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