Recordando lo ya aprendido VII; llegan los orgasmos

Le tocaba tirar a Marcos, sacó un 4, a la casilla 17. “Déjate lavar tus partes intimas”.  Carla salió disparada a por una palangana con agua, una esponja y una toalla, dispuesta a la limpieza de la herramienta de su novio. Marcos estaba empalmado, así que Carla tenía más carne que limpiar e invitó a Rita para que le ayudase, a lo que esta fue encantada a tocar el pene y los huevos de Marcos.

Néstor estaba sorprendido y contento de ver a Rita interviniendo activamente en el juego y que esta se divirtiese. Parece que había hecho bien, convenciéndola para que participase en el juego.

Tiró Néstor. Un 4, al 20, “deja fotografiar tu pecho desnudo”.

Cogieron los tres sus móviles y comenzaron a sacarle fotos. Carla cogió unos hielos y se los acercó a los pezones, para que estos se erizasen.

A Néstor le gustó ser el objeto de las miradas de sus amigos. Comenzaba a sentirse cómodo, miraba con total descaro el cuerpo desnudo de cualquiera de las dos mujeres, sin sentir la vergüenza del principio.

Le tocaba tirar a Rita, se había dado cuenta que era mucho mejor participar que quedarse pensativa y enfadada. Tiró mucho más metida en el juego. Un 5 al 21 “desnúdate de cintura para abajo y déjate acariciar”.

Desde que se habían desnudado en los puentes, el único que seguía con los pantalones puestos era Néstor, así que, como permanecía como su madre la trajo al mundo, sentada donde estaba abrió bien las piernas, dejando a la vista de todos sus pequeños y brillantes rizos negros y sus sonrosados y gruesos labios, entre los que se intuía el resplandor húmedo de la entrada del placer.

La boca de Marcos en sus pechos había hecho que se humedeciese como antaño. Quería sentir más placer, volver a tener un orgasmo de verdad, así que cuando fue Néstor a llevar sus manos a su empapado coño, esta le paró y le dijo:

─ Espera, no querías verme disfrutar con otro, pues deja a Marcos que me acaricie.

Néstor se quedó sorprendido, no quería verla disfrutar con otro, lo que quería era verla disfrutar del sexo, pero obedeció como un fiel perro a su ama y se apartó, dejando paso a Marcos que no perdió la ocasión, mojó sus dedos en la húmeda vagina de Rita, acariciando luego su clítoris, haciéndola llegar al orgasmo con pocos pero hábiles movimientos.

Néstor estaba un poco confuso con la reacción de Rita. Los orgasmos que hasta ahora le había visto tener no habían sido ni la mitad de intensos que este o ¿es que vistos desde fuera se veían distintos?

Le tocaba el turno a Carla. Un 3 a la casilla 22 “desnúdate y deja que sirvan comida en tu cuerpo”.

Ya estaba desnuda, se tumbó en la mesa y esperó a que llegase Marcos con virutas de chocolate, que fue esparciendo por su cuerpo para que tanto él como Néstor las fueran comiendo.

Néstor ya no sentía vergüenza al mirarla. Se tomó su tiempo para comer las virutas de chocolate del pecho de Carla, mientras Marcos devoraba el coño.

Nunca antes había besado otro pecho que no fuera el de Rita. Fue besando cada milímetro de los pechos, pasando su lengua para recoger todas las traviesas virutas que de manera fugaz, estaban tiñendo de  marrón aquellos preciosos montículos.

Cuando acabaron, Néstor cogió el bote y le echó algunas virutas más en el pubis. Quería probar como sabían las virutillas de chocolate, en la entrepierna de Carla.

Sentía que tenía derecho a ello, al fin y al cabo, no le había hecho llegar al orgasmo Marcos a Rita, pues ahora le tocaba a él hacer lo mismo con Carla.

Le comenzó a besar y a lamerle el coño, había leído mucho de cómo comer el coño a una mujer y tenía ganas de ponerlo en práctica. Fue despacio, pasando su lengua por los pliegues de sus labios, subiendo al clítoris y mojándolo con su lengua. Carla disfrutaba con lo que le estaba haciendo, se le notaba en la cara. Néstor no paró hasta arrancarle un orgasmo a su cuerpo.

─ Que a gusto me he quedado. Majo, que bien lo haces, la tienes que tener contenta a Rita─ dijo Carla.

Néstor negando con la cabeza, le dijo

─ No me deja que se lo haga.

─ Pues ya eres tonta, maja, no sabes lo que te pierdes Rita. ─ Replicó Carla.

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