Carrusel de sexo

Ante la idea de que el sexo nos es una cosa rápida y estática, de una sola postura, surge este relato. Ya sabemos que es un pelín largo, pero este relato no podíamos separarlo.

Queríamos sexo, y a eso fuimos a la habitación, teníamos toda la tarde para nosotros, mejor dicho, teníamos todo el fin de semana para los dos.

Puse música variada de fondo, y comenzamos a bailar, los dos muy pegados.

Sin darnos cuenta, estábamos sin ropa y mas que bailar, nos comíamos los labios a besos.

Bea me empujó a la silla, se dio la vuelta, y fue a sentarse encima de mi (2 de diamantes). Le agarré los pechos mientras la besaba en el cuello y la espalda. Una de mis manos por inercia bajó a jugar con su pedacito de carne lleno de placer. Mis dedos dibujaban círculos concéntricos  unos en el pezón de una de sus tetas y los otros dedos en su clítoris. Era ella la que tenía plena libertad para llevar el ritmo que quería, pero ya también quería ser el protagonista de mis propios movimientos  así que, sin dejar en ningún momento de llenarla de placer, nos incorporamos y nos pusimos los dos de pie. (4 de corazones)

Mis manos seguían jugando en los botones de placer de su cuerpo. Mi boca besaba su cuello y le susurraba  al oído lo bonita que era…

Ella, después de juntar sus labios a los míos, se inclinó hasta apoyar sus manos en el suelo (5 de corazones). Esta posición, me facilitaba aún más la entrada dentro de su vagina, la así de las caderas y acerqué aún más su culo con fuerza hacia mi pelvis.

Cómo me gusta notar ese pequeño culo acoplado a mis caderas.

Mis empujones la llevaron hasta apoyar sus manos en la cama, yo la cogí de los muslos y la levante en el aire, dejando apoyado solo los brazos en la cama. Movía su cuerpo, acompasado con mis internadas dentro de ella (Dama de Trébol). ¡Qué bonito era ver su trasero moviéndose a la altura de mis caderas! La acercaba con mis manos, queriéndome meter todavía más dentro de ella.

Bea dobló las piernas y se agarró los tobillos con las manos (J de corazones). Ahora sí que entraba mucho más. Sentía que mi pene era una parte más de su cuerpo, Bea gemía de placer con cada embiste que yo le daba.

Caminó despacio con sus brazos hacia el centro de la cama. Yo la acompañaba como si fuera una carretilla. Cuando llegué al borde, apoyé mis rodillas al igual que ella apoyaba las suyas en la cama. Bea  estaba a cuatro patas y yo de rodillas detrás de ella (2 de corazones). Busqué nuevamente agarrarme a sus pechos, sujetarlos con firmeza.

Solté una mano, haciendo el efecto de la gravedad y dejando su bonito pecho señalando a la colcha de la cama. Acerqué esa mano a su clítoris y me puse a acariciárselo. Ella llevó su mano junto a la mía, acompañando mis movimientos y llegando a acariciar mis testículos.  Llegó enseguida al orgasmo, quedándose tumbada boca abajo. (4 de picas)

Sin sacar mi pene seguí penetrándola recostado sobre su espalda. Sintiendo nuevamente las curvas de su culo en mi pubis. La besaba en el cuello y en el oído, mientras le susurraba al oído, que iba a seguir hasta que los dos acabásemos agotados  de placer.

Una de mis manos seguía sujetando con firmeza su pecho. Fui girándola hasta quedarnos de costado, yo todavía en su interior y detrás de ella. (Rey de picas)

Seguí moviéndome lentamente mientras jugaba con mi lengua en su oído. Ella permanecía inmóvil, reponiéndose de la cima de placer que acababa de tener, yo detrás en un acople perfecto. Mi lengua hacía que se estremeciese.  Mi pene se deslizaba entre sus glúteos, prisionero de su húmeda vagina. Mis manos acariciaban sus pechos.

Cuando ella se repuso de su orgasmo puso una pierna por detrás de mi cadera (Dama de picas) giró la cabeza y volvimos a juntar nuestras bocas.

Puse una mano en su entrepierna, acariciándole nuevamente el clítoris, y con la otra le amasaba sus pechos. La cogí y la subí encima de mí, apoyando mi espalda en la cama y la suya sobe mi pecho (6 de picas). Mis manos iban y venían del clítoris al pecho, acariciando y sintiendo sus peligrosas curvas. Su pelo jugaba en mi cara mientras movía la cabeza.

Bea se incorporó y se sentó en mi pelvis; ahora era ella la que cabalgaba sentada encima de mis caderas. Giró el cuello observándome con su mirada más picante (7 de picas). Con mis manos  acariciaba sus caderas y sus glúteos.  Mi placer estaba sometido al capricho de sus movimientos.

Mi boca no podía pasar mucho tiempo sin estar junto a la suya, me incorporé para besarla y presionar sus pechos con mis manos, (9 de picas) ella se puso  de cuclillas, puse mis manos en su trasero para ayudarla con los movimientos de subida y bajada, pero era ella la que metía y sacaba mi pene de la vagina a su gusto.

Bea se inclinó hacia mis pies y los besó. Yo recliné mi espalda en la cama. (10 de trébol). Contemplaba los graciosos movimientos de su trasero con admiración. Acerqué mis manos a ellos, los toqué con dulzura, las yemas de mis dedos recorrían su fina piel, dibujando  las líneas curvas de su cuerpo. Bea quería que jugase con su ano, y así lo hice, puse mi dedo en su entrada y comencé a acariciárselo. Fui metiéndoselo poco a poco, a través de la fina pared podía notar mi pene dentro de ella, sintiendo mis caricias en él.

Se dio la vuelta despacio, pasando una pierna por encima mío, yo hice lo mismo. Estábamos con las piernas entrelazadas y frotando nuestros pubis buscando el goce de los dos. (1 de trébol)

En una hábil maniobra, se fue incorporando, ayudada de mis manos, sentándose esta vez frente a mi (5 de picas)

Tenía sus pechos enfrente mío. Los veía bailar al son del compás que imponían sus caderas. Los quise parar, sujetarlos con firmeza, pero estaba hipnotizado con sus movimientos. ¡Qué bien movía sus caderas y cabalgaba encima mío! Pero esa tarde ella no quería llegar en una sola postura, quería probarlas todas.

Sin que mi pene saliera de su deseosa celda, fue girando encima mío, siendo este el eje de todo su placer, dándome por unos instantes la espalda, para volver a estar de frente mío, sin apenas darme cuenta. (J de trébol)

Bea se puso de cuclillas (As de diamantes) pudiendo observar como su cueva voraz se engullía mi miembro una y otra vez. Chaf, chaf,chaf. El sudor de nuestra piel se dejaba oir, cada vez que mi pene profundizaba en su cueva llena de tesoros. ¡Qué mayor tesoro que el gozo que me estaba dando!

Bea volvió a llegar al orgasmo, metiéndose aún más mi pene como un trofeo más. Se sentó encima mío, echando sus pies hacia mi cabeza (2 de trébol)

Le dejé que se recuperase un poco, besando suavemente sus pies, lamiendo sus dedos.

Yo quería más, así que la agarré de los brazos, y mientras yo levantaba mi espalda de la cama, la iba dejando poco a poco para que apoyase la suya (6 de diamantes). Continué con el vaivén dentro de ella. La dejaba caer y luego la atraía hacia mí con fuerza, para dejar de nuevo que su espalda reclinase en la cama.

Doble mis rodillas para apoyar su espalda en ellas, Bea  subió sus piernas a mis hombros (5 de diamantes), nuevamente tenía mis manos libres para poder acariciar sus pechos,  ¿los acabaría desgastando de tanto tocarlos?

Nos acariciamos sin prisas. Mis manos recorrían su cuerpo de manera instintiva, tantas veces habían acariciado ese cuerpo que se sabían de memoria todas sus pequeñas pecas. Bea hacía lo propio con el mío. Me estremecía mientras rozaba con sus uñas mi piel.

Mis únicos besos iban encaminados a sus rodillas. Estiré mis piernas, y Bea bajo las suyas de mis hombros (8 de picas).

Notaba mi pene nadando en su dilatada y húmeda vagina. Casi no nos movíamos, notaba como contraía los músculos de su vagina y se cerraba  cautivando a mi pene dentro.

Bea ya estaba recobrando el protagonismo. Fui encogiendo mis piernas hasta apoyar mis rodillas en mi pecho. Ella de cuclillas estaba sentada sobre mis glúteos. (Dama de corazones). Mi amazona volvía a cabalgar sobre mí, subiendo y bajando encima de mi pene. Veía sus pechos moverse libremente, su cara reflejaba placer, el sudor caía de su frente. Mis manos sujetaban ambos glúteos, acompañando sus movimientos.

Volví a colocar mis plantas de los pies apoyadas en la cama levantando mis rodillas. Ella se puso de rodillas con mi pene todavía dentro de ella y apoyando sus glúteos en mis muslos. (3 de diamantes)

Aproveché para mordisquear sus firmes pezones. Mi lengua dibujaba círculos alrededor de ellos. Llenaba mi boca de su pecho, notando su duro pezón en mi garganta.

Separé mi cabeza de sus pechos, Bea  junto su boca a la mía y yo fui recostando mi espalda nuevamente en la cama (10 de picas).

Estábamos los dos tumbados, ella encima de mí con sus piernas abiertas. Notaba su pecho junto al mío, mis manos acariciaban su espalda hasta llegar a las curvas de su trasero. Bea frotaba ligeramente su pubis contra el mío. Juntó las piernas, notando yo más estrechez en mi muy curioso apéndice. El contacto de nuestra piel era máximo.  Su pecho moldeaba el mío. Mis manos acariciaban sus nalgas, abriéndolas para que su otro ojo observase el mundo, más bien el techo azul de la habitación.

Abrí las piernas para recibirla, ella permaneció con las suyas cerradas. (8 de trébol).

Ahora no se frotaba con mi pelvis. Ahora se movía dándome empujones, parecía que era ella la que tenía el falo y me penetraba con él.

Giramos sobre nosotros mismo, para un lado y para otro (4 de trébol). Tan pronto era ella la que estaba encima de mí, marcando el ritmo que quería, y otras era yo el que estaba encima de ella demostrándole quien tenía en realdad el falo entre las piernas. Hasta que por fin me quedé yo encima de ella (6 de trébol) ella con las piernas cerradas y yo abiertas introduciendo mi pene entre ellas. Para que luego digan que si duermes con un garbanzo entre las piernas no te puedes quedar embarazada. 😉

Nos volvimos a dar la vuelta apoyando ella la espalda sobre el lecho, mientras yo de costado, seguía con mi pene en su interior. Fui girándome hasta colocarme encima suyo. (7 de corazones)

Bea fue abriendo cada vez más las piernas, encerrándome entre ellas. (As de picas)

Nuestros cuerpos se fundieron en uno, mi boca junto a la suya, mi pecho junto al suyo, mi pelvis junto a la suya y las paredes de mi pene, rodeada por la carne rosada de su vagina.

Nos besamos y abrazamos hasta que ella quiso, luego, levantó sus rodillas hacia su pecho, pidiéndome que se la introdujese aún más. Me coloqué de rodillas y así lo hice.(10 de diamantes).

Lejos de conformarse con eso, se abrazó con sus piernas a mis caderas, y con sus brazos a mi cuello, quedándose suspendida en el aire (6 de corazones)

Yo no aguanté mucho, así que la dejé en la cama, levanté mi espalda, y apoyándome en sus piernas que las tenía en mi pecho, empujé, introduciéndome lo más posible dentro de ella (9 de diamantes). Veía la cara de placer de Bea y eso me excitaba aun más.

Bea estiró una de las piernas, y la otra seguía apoyada en mi estomago (5 de trébol). Luego la apoyó en mi hombro. Fue cambiando de pierna a su gusto, hasta dejar las dos encima de mis hombros. (3 de picas)  Yo proseguía con mi intensa perforación.

Mis movimientos estaban dirigidos a su goce. Mi cuerpo se movía buscando entrar cada vez más adentro. Sus manos agarraban mis caderas, pidiéndome más movimiento y profundidad, las mías solo podían sujetarme. Miraba su cara y sabía que estaba a punto de llegar. Incrementé la intensidad de mis movimientos hasta que llegó nuevamente al orgasmo y se quedó rendida con las piernas dobladas en la cama (8 de diamantes). Yo eché los pies hacia su cabeza estuve acariciando sus pechos, mientras descansábamos algo.

Volví a tumbarme encima de ella, para poder besarla.

Decidí girarme sobre ella y sin sacar mi pene, (Rey de corazones) fui dándome la vuelta, ofreciéndole mi trasero para que pudiera acariciarme la próstata como solo ella sabe hacer. (7 de trébol)

Sus manos acariciaban mi ano, arañaban mis glúteos, pellizcaban mis testículos, casi llego al orgasmo con sus caricias, pero todavía no quería llegar. Así que giré de nuevo hasta poder juntar nuestros labios.

Me puse de nuevo de rodillas, y agarré sus piernas juntándolas (8 de corazones) buscando que mi pene rozase con sus paredes más intimas.

Ella levantó su cintura, sus glúteos apoyados en mis muslos y sus pies en mis hombros nuevamente (9 de corazones)

No se quedó quieta durante mucho tiempo. Bajo sus piernas y yo metí mis rodillas, apoyando Bea sus glúteos en ellas. (2 de picas)

La cogí y la levante hacia mí, quedándonos los dos de rodillas y abrazados (10 de corazones). Juntando nuevamente nuestros labios, mi pecho junto a su pecho. Nos juntamos en un profundo y apasionado beso.

No tardamos mucho en separar nuestros labios, ya que Bea, volvió a tumbarse, pasando sus piernas entre mis caderas (3 de trébol). Se relajó ofreciéndome todo su cuerpo para que pudiera acariciarlo. Tenía su cuerpo al alcance de mis manos, aproveché para jugar con su clítoris y sus pezones una vez más. Como me gustaba ver ese cuerpo desnudo, palparlo, besarlo. Cuanto deseaba poseerlo una y otra vez.

Nos miramos con una sonrisa cómplice y la volví a levantar, sentándome al borde de la cama. Juntamos nuestros pechos y nuestras bocas en interminables besos y abrazos. Sus brazos se agarraban con fuerza a mi espalda mientras sus caderas daban embestidas fuertes contra mi pelvis (Dama de diamantes)

Me puse de pie sujetando sus posaderas con mis manos, con sus piernas se agarraba a mis caderas, mientras movía con menos ímpetu las suyas (3 de corazones).

Fui acercándola a una cómoda que estaba cerca de la cama, hasta sentarla en ella (J de diamantes). Bea descansó reclinando su espalda en la pared, y dejando espacio para que pudiera nuevamente acariciar su bello cuerpo. Mis manos sentían los montículos de sus pechos. Tantas veces habían sido míos, que su forma se adaptaba perfectamente a mis manos. Después de tantas caricias, mis dedos instintivamente sabían por donde tenían que pasar ligeramente y hasta donde tenían que apretar con fuerza.

Ella bajó sus piernas, y nos quedamos los dos de pie, amándonos, besándonos despacio, juntando nuestros cuerpos como si fuera uno solo (As de corazones)

Ella levantó una pierna para que yo la sujetase y se la pudiese meter mejor (9 de trébol). Doblé ligeramente las rodillas para poder meter  mi pene lo más profundo posible.

Apoyó la mano en la cama para facilitarme aún más la penetración (Rey de trébol). Esa postura me trajo recuerdos a aroma de pintura que excitaban mi mente. Le daba embestidas fuertes hasta que se sentó al borde de la cama, mientras yo me quedé de rodillas, (4 de diamantes) abrazado nuevamente a Bea.

Bea apoyó la espalda en la cama, nuevamente dejaba su cuerpo a mi merced. Con una mano acariciaba su clítoris y la otra mano se acoplaba perfectamente en uno de sus pechos.

De improvisto, agarré sus piernas, las levanté y las giré, dejándola de costado tumbada en la cama. (7 de diamantes). Con una mano sujetaba sus pies y con otra sus manos. La inmovilicé mientras mi pene seguía rozando sus paredes internas.  Notaba las palpitaciones en el interior de su coño. Ahora era yo el que la dominaba a mi antojo. Ella estaba agotada, dejándose llevar por los caminos del placer.

Volví a girar sus piernas, pero esta vez para que apoyase sus rodillas, al igual que yo, en el suelo y poder notar sus glúteos nuevamente en mi pelvis (Rey de diamantes)

Tenía la silla detrás mío, sujetándola con fuerza para no separar nuestros cuerpos, la cogí en volandas para sentarnos nuevamente en ella y estar como al principio pero esta vez me tenía ya domado a todos sus caprichos, o yo a ella. (2 de diamantes).

Había sido el colofón a nuestro juego de cartas (baraja sex). Era todo un bonito sueño, o volvíamos a empezar una vez más el carrusel del sexo.

Se giró ligeramente, con sus piernas volando a un costado de mí y, abrazados, llegamos los dos a un orgasmo unísono.  (J de picas).

¿Repetimos?

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