Vivir dobles parejas II

El juego del parchís, era la mejor forma que tenían para evitar que las noches se convirtiesen en una aburrida sesión de televisión, los cuatro en el sofá mirando la caja tonta.

Solían jugar en el salón de la casa y unas veces acababan allí sus orgías de sexo y otras veces, iban a la habitación donde terminaban los 4 desnudos en la cama.

En la habitación había  una cama cuadrada de 2×2 en la que dormían todos juntos, cada uno tenía su sitio. Carla le gustaba salir a correr por las mañanas antes de ir a trabajar, por lo que siempre dormía en el extremo izquierdo de la cama.

Hugo se asfixiaba con mucha ropa por encima, por lo que dormía en el otro extremo de la cama, así si quería dormir destapado lo podía hacer.

Leti y Marcos eran más frioleros y les gustaba dormir en medio acurrucados entre ellos.

─ Vaya ahora que tengo ficha fuera empiezo con los cincos, ─ dijo Carla mientras sacaba otra ficha ─ Marcos, me tienes que tocar con tus dedos, pero espérate para metérmelos por el culo a que saque la última ficha que luego lo tengo tan grande que en cuento me siento en el baño se me escapa todo sin hacer fuerzas.

Carla se había dado la vuelta, ofreciendo su culo a Marcos.

─ Haré lo que yo quiera ─ le contestó Marcos mientras comenzaba a introducir un dedo por el ano de Carla.

Carla está acostumbrada a mandar, trabaja de profesora en un colegio de infantil y algunas veces, parece que a sus amigos les tratara como si fueran sus alumnos.

Carla es la que menos tiempo pasa en casa, aparte de las clases, siempre se busca alguna actividad para llenar su agenda.

Hugo trabaja vendiendo electrodomésticos en una tienda, le gusta el trato con la gente, sobre todo las secciones de informática y fotografía. Con su sueldo y el de Carla son los que mantienen la economía de la casa.

De organizar la casa se ocupan tanto Marcos como Letí. Hacer la compra, las comidas y limpiar, se organizan bien entre ellos.

Leti está estudiando psicología, y en época de exámenes se va a dormir a una habitación ella sola, ya que se queda hasta tarde estudiando y se levanta temprano también para estudiar. Cuando es época de exámenes se pone muy nerviosa y apenas duerme, menos mal que esta noche no tiene a la vista ningún examen y puede estar relajada jugando al parchís con sus amigos.

Marcos, después de terminar derecho y haber hecho un Máster en recursos humanos, sigue trabajando de forma eventual, haciendo alguna sustitución de administrativo donde le llamen.

 ─ Mañana voy a comprar, ─ dijo Marcos mientras recogía el dado para tirar. ¿Necesitáis que compre algo?

─Yo necesito un USB ─ dijo Carla ─ pero me lo puede traer Hugo de la tienda.

─ ¿De qué capacidad lo quieres? ─Le preguntó Hugo

─ Un uno, a la casilla 50. ─ Dijo Marcos. ─ Uff, menos mal que eres tú, Leti, la que me tienes que dar un pellizco en los huevos,  que si fuera Carla con el genio que tiene hoy, me deja sin uno. Anda se buena, ─ le dijo a Leti mandándole un cómplice beso.

─ Pequeño, ─ dijo Carla sin preocuparse por las palabras de Marcos, ─ es para una presentación que les tengo que hacer a los críos.

─ Eso sí, ─ continuo Carla─ no me lo traigas igual que el de Marcos, que el que se me ha roto era igual y un día me equivoqué con el suyo, me lo llevé a clase y cuando lo pongo en el ordenador,  la primera imagen que sale soy yo desnuda y enseñándolo todo.

─ No fastidies ─ dijo Marcos todo preocupado, poniendo sus partes al alcance de Leti ─  y vieron tu foto desnuda todos tus alumnos

─ Nooo ─ contestó Carla rápidamente ─ Menos mal que tuve suerte y todavía no me había conectado a la pantalla grande. Pero el yogurín que tengo de prácticas estaba al lado mío… y vio la foto.

─ ¿Qué te dijo? ─ Preguntó Leti con curiosidad, mientras sujetaba el pene de Marcos con una mano y con la otra le retorcía el escroto con fuerzas.

!!Aaaayy¡¡ ─ gritó Marcos, ─ cuidado, que todavía no han procreado y me vas a dejar sin descendencia.

─ A saber si tienes ya algún hijo por el mundo, ─  le dijo Hugo riéndose.

─ Esto es por el descuido que has tenido y poner en un compromiso a Carla. ─ contestó Leti ─ y pórtate bien esta noche que si no la próxima vez será más fuerte.

─ Al principio nada ─ prosiguió Carla ─ yo, muy cortada le pedí disculpas, y él, con demasiada confianza, dijo que le había gustado, que era una foto bien bonita, con una mujer espectacular protagonizándola, pero… que naturalmente, prefería verla en vivo. Y ya os podéis imaginar lo que pasó al acabar las clases.

Unas risas inundaron la habitación.

─ Asalta cunas, otro más a tu lista interminable de conquistas, ─ comentó Leti.

 ─ Qué culpa tengo yo si me enamoro enseguida y me gusta casi todo hombre o mujer. ─ Le contestó Carla

─ Yo también estoy enamorado de la humanidad ─ aclaró Marcos un poco celoso, con las manos frotándose sus doloridos huevos─ y por ello no me acuesto con todo pichi gato, y si lo haría, entonces sí que pudiera tener hijos diseminados por todo el mundo.

─ Si no te acuestas es porque no quieres ─ respondió Carla enfadada. ─ Que yo sepa no tenemos firmado ningún  contrato en exclusividad por el cual solo podamos tener sexo entre nosotros.

─ ! No estoy enfadado ¡─ replicó Marcos alzando un poco la voz. ─ con tu cuerpo puedes hacer lo que quieras, mientras no expongas al resto a ninguna enfermedad y siempre lo hagas con preservativo.

─ Lo que le tienes es mucha envidia ─ dijo Hugo apoyando a Carla. ─ Seguro que vosotros dos, ─ refiriéndose a Marcos y Leti ─ que estáis todo el día solitos en casa, tenéis mucho más sexo que nosotros.

─ Que va ─ contestó Leti con ironía ─ os estamos esperando con el cinturón de castidad puesto, sin  tocarnos, todo calientes hasta que llegáis a casa para desfogarnos.

─ Cada uno hace lo que puede ─ sentenció Carla cogiendo el dado y lanzándolo con chulería.

─ Un tres, uno, dos y tres. Al la casilla 13. ─Contó Carla─

Marcos era el que más cercano a su ficha estaba, tenía que tocarle con algo muy frio o muy caliente el cuello. Así que fue al congelador, cogió un hielo y se lo fue pasando por el cuello.

Carla pegó un chillo, cuando Marcos le posó el hielo en el cuello, pero este no paró y el hielo se fue derritiendo mientras el agua se deslizaba, haciendo pequeños senderos, entre los bellos pechos desnudos de Carla.

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