Vivir dobles parejas III

Las ropas de sus cuerpos hacía tiempo, habían desaparecido.


Se movían desnudos por el salón, ellas con un mar entre las piernas, mientras que los penes de ellos perfectamente podían servir de percheros.
La noche se esfumaba sin darse cuenta, jugando e intercambiando caricias, besos y alguna que otra sabrosa comidita, podía llegar la madrugada sin enterarse.
Leti sacó otro cinco.
Se levantó apoyó sus codos en la mesa y levantó el pompis esperando a que alguno de sus amigos jugase con él.
─ Pero ¿qué haces?─ le dijo Carla. ─ Si ya sabes que hoy no hacemos lo de por el culo te la hinco.
─Si es verdad ─contestó Leti. ─Se me había olvidado.
─Espera. ─Le ordenó Marcos ─ me has provocado y tendrás que pagarlo.
Marcos se levantó, su lanza apuntaba a la diana que le ofrecía Leti. La agarró fuertemente de las caderas y se la hincó una y otra vez.
Leti se dejó caer en la mesa, apoyando sus senos en ella. Su cuerpo se balanceaba encima de sus pechos al fuerte ritmo que imponía Marcos. Se sentía dominada por los duros movimientos de su compañero. Dejándole hacer hasta que descargase todas sus ganas en el interior.
Unos últimos movimientos y el cuerpo de Marcos cayó desplomado sobre la espalda de Leti.
Sacó la lanza rota del interior del ano de Leti. El semen resbalaba entre los muslos de ella.
Fueron los dos al baño a lavarse. Leti se sentó en el bidé y dirigió el grifo de agua hacia su ano para limpiarse los restos del semen de Marcos.
El contacto del agua fría con sus partes íntimas hizo que sus pezones reaccionaran rápidamente erizándose de inmediato.
─ ¿Qué te pasa? ─ Le dijo Marcos riéndose mientras llevaba su mano a uno de los pezones de Leti y la otra mano bajaba a la entrepierna para limpiarle con suavidad el culo, la vulva y los muslos.
─ Ya ves, me excitas mucho. ─ le contesto Leti mientras buscaba sus labios para besarle.
Los hábiles dedos de Marcos se centraron en el principal punto de placer de Leti. Tantas veces lo habían hecho que conocía a la perfección como hacerla llegar en cuestión de segundos.
Y así lo hizo, el cuerpo de Leti se quedó rígido, justo antes de llegar al orgasmo para luego, quedarse relajada como un flan.
─ Es tu turno. ─ Dijo Leti mientras se levantaba secándose con la toalla.
Marcos se sentó en el bidé y esperó a que fuera Leti la que abriera el grifo y le limpiara el pene.
Sintió como el agua fría chocaba contra la punta de su pene caliente. Las manos de Leti, amortiguaban el salto térmico y limpiaban con maestría cualquier resto que pudiera quedar oculto.
Una vez limpio, Leti se arrodilló y acercó su boca al frío chorro de agua que seguía refrescando el pene de Marcos.
Refrescaba su garganta, a la vez que se comía gustosamente, el caramelo interminable de su amigo.
La prueba definitiva de que la herramienta había quedado bien limpia.
La mano de marcos le sujetó la cabeza, para acto seguido, notar como un líquido pastoso y caliente llenaba su garganta. Continuó masturbándolo con la mano hasta que descargó la última gota en su boca.

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