Vivir en dobles parejas IV

Cuando regresaron al salón, se encontraron a Hugo y Carla besándose sentados en el sofá.


Hugo estaba reclinado sobre Carla, con una mano acariciándole sus partes íntimas. Mientras Carla le agarraba del cuello para que sus labios no se separasen y con la otra mano sujetaba con fuerza el mástil erecto de su compañero.
─ Vaya, vaya ─ dijo Marcos riéndose. Si estáis continuando el juego sin nosotros.
─ Ya era hora. ─ Contestó Carla un poco enfadada. ─ por poco no venís.
─ Pensábamos que os habíais ido a la cama, como tardabais tanto. ─ Dijo Hugo.
─ Este, que no sabe tener las manos quietas. ─ Dijo Leti.
─ Y a ti bien que te gusta ─ le contestó Marcos mientras le metía mano por detrás de sus muslos hasta alcanzar su refrescada vulva.
─Que raro, si tengo todas fuera, tengo que contar y mover ficha, ─ dijo Leti. Un, dos… y cinco, a la casilla 47.
─ La casilla acaba en 7 y he sacado un 5. El que va detrás de mí es Marcos. O sea que me vuelves a acariciar el culo con la parte del cuerpo que tú quieras, majo. ─Dijo Leti con una gran sonrisa en la cara.
─ Otra vez que te va a meter la poya ─ dijo Carla con la misma entonación que casi toda la noche.
─ Lo que él quiera ─ dijo Leti ─ como si quiere meterme la punta del pie.
─ Ya que nos hemos lavado tan bien, ─ continuo Marcos ─ voy a acariciarte con mi lengua. ¿Te parece?
─ Lo que tú quieras, mi amor. ─ Contestó Leti de manera cómplice.
Marcos acercó su boca al trasero de Leti. Fue deslizando su lengua por sus blancos mofletes, dibujando con su pincel líneas circulares hasta llegar al centro de la diana.
Una vez allí, dejo de utilizar solo su lengua, ahora era toda la boca la que se comía el precioso culo de Leti.
─ Que yo sepa no te has comido ninguna ficha ─ saltó Hugo. ─ solo la tienes que acariciar con la boca, no se lo tienes que comer.
─ Tienes envidia, ¿quieres que te lo haga a ti también? ─ pregunto Marcos guiñándole un ojo a Hugo.
─ Así no vamos a acabar nunca. ─ Dijo Carla enfadada.
─ Vale, vale, no os pongáis así ─dijo Marcos mientras separaba su cabeza del trasero de Leti.
─ Hablando de comer, ─preguntó Leti, mientras se volvía a sentar ─ ¿qué os apetece mañana para comer?
─ Yo tengo bastante con comeros vuestras preciosas tetas, ─ contestó Hugo ─ y Marcos, si quiere, nos puede comer a todos el culo.
─ Venga va en serio, ─ volvió a decir Leti ─ queréis que ponga unas lentejas, esta semana no hemos comido legumbres.
─ Bien vale, ─dijo Marco─ pero luego en la cama cuidadin con las ráfagas de aire que levantan las sábanas, que estoy en medio.
─ Cualquier cosa que hagas, nos sabe de maravilla y nos lo comemos todos bien. ─ dijo Hugo
─ Yo mañana no vengo a comer, ─ comentó Carla ─ me tengo que quedar por la tarde a recibir a algún padre de mis alumnos.
─ ¿Con qué padre has quedado esta vez? ─ dijo Hugo con picardía.
─ Con unos cuantos ─ contestó Carla irritada─ tengo a uno cada 20 minutos.
─ Que rapidez tienes. ─ Le dijo Marcos con ironía ─ con 20 minutos te basta.
─ Seguro que te has reservado a alguno especial para el final. ─ Le dijo Leti, envidiando su promiscuidad ─ o te quedarás con el jovencito de prácticas.
─ No he dejado a ningún padre para el final, me he reservado a una madre, ─ dijo Carla sin hacer mucho caso a los comentarios punzantes de sus amigos. ─ En la primera reunión me causó muy buena impresión. Es rubia con el pelo rizado, ojos azules, carita de ángel y una boca que cada vez que la abría para hablar me daban ganas de comérsela y meter mi lengua entre sus seductores labios rojos.
─ Si consigues seducirla, ─ dijo Leti, ─ tráela aquí para compartirla.
─ Acaso dudas que no me coma esos labios y los de más abajo ─ dijo Carla, sonriendo por primera vez esa noche. ─ Pero me da la impresión de que va a ser dura de trabajar.
Hugo tenía una ficha justo detrás de Carla, tiró el dado y saco un 1. Le comió la ficha y le tocaba comerle los genitales. Carla se sentó en la mesa del comedor, abriéndose de piernas para que Hugo pudiera hacer su trabajo con facilidad.
A ninguno le importaba que le mandaran para casa, más bien, dejaban las fichas fuera del seguro para así tener más oportunidad de ser comidos y eso quería decir que alguno de sus compañeros le darían placer con la boca en alguna parte de su cuerpo. Lo cual hacía que el juego fuera interminable.
Hugo comenzó a besar despacio los muslos de Carla, esta estaba demasiado caliente para andarse por las ramas, le sujetó la cabeza y se la dirigió al punto donde ella quería que le comiera. El recuerdo de la madre que la esperaba mañana, hizo que no tardara en llegar, abrazándole con sus piernas alrededor del cuello.
Carla estaba cansada, por la mañana le había tocado valorar al de prácticas, por la tarde había tenido clases de baile y esta noche con las caricias de Leti y la comida que le acababa de hacer Hugo ya tenía bastantes orgasmos por hoy, por lo que comentó que se iba a la cama.

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